SEPI y Sapa frente al bloque Escribano–Amber

Indra ha presentado unos resultados que, en cualquier otro contexto, justificarían aplausos unánimes. El beneficio neto se disparó un 57 % en 2025, hasta los 436 millones de euros, y la cartera de pedidos creció un espectacular 122 %, alcanzando los 16.083 millones. La Bolsa respondió con euforia: la acción subió un 21 % en un solo día.

El presidente, Ángel Escribano, no dudó en reivindicar el salto bursátil: en un año, el precio pasó de 18,22 euros a más de 60, y la capitalización se multiplicó de 3.000 a más de 10.000 millones.

Sobre el papel, es un éxito rotundo.
En la realidad interna de la compañía, la escena es mucho menos idílica.

Beneficios históricos… y silencio incómodo

En la presentación de resultados no hubo rueda de prensa ni turno de preguntas para periodistas. Solo una conferencia con analistas, accesible de forma virtual.

En una empresa estratégica, con tensiones públicas en el accionariado y dudas abiertas sobre su gobierno corporativo, optar por evitar preguntas no transmite precisamente tranquilidad.

Los números brillan. La transparencia, menos.

Dos bloques enfrentados en el accionariado

La guerra está abierta. En un lado se sitúan el Gobierno a través de la SEPI, con un 28 %, y Sapa, con casi un 8 %. En el otro, el propio Escribano (14,3 %), Amber Capital —controlado por Joseph Oughourlian— y otros fondos internacionales que respaldan la continuidad del presidente y la integración con su empresa familiar.

El bloque del Gobierno no tiene mayoría suficiente para imponer su criterio. Y Escribano lo sabe.

Hoy por hoy, ni el consejo ni una eventual junta parecen tener números para cesarle.

Una fusión que parecía inevitable… y que ya no lo es

Hace meses todo apuntaba a que Indra acabaría absorbiendo la empresa familiar de su presidente por cerca de 2.000 millones de euros, cuando hace apenas cuatro años sus propios dueños la valoraban en 100 millones.

La operación era tan evidente en su conflicto de interés que terminó desbordando incluso a quienes la habían impulsado. El Gobierno advirtió que, tras el canje accionarial previsto, la SEPI dejaría de ser el primer accionista de la principal empresa estratégica de defensa del país.

El proyecto quedó congelado.

Pero el daño reputacional ya estaba hecho.

Gobierno atrapado, presidente blindado

El Ejecutivo se enfrenta ahora a un dilema incómodo: promovió el crecimiento de Escribano dentro de Indra y ahora carece de fuerza suficiente para desplazarlo.

Plantear represalias contractuales desde el Ministerio de Defensa sería un suicidio industrial: Indra es la empresa que el propio Gobierno ha definido como estratégica.

En paralelo, quien sí parece tener fecha de salida es el consejero delegado, José Vicente de los Mozos, señalado por tensiones internas y cuestionamientos sobre su encaje en el negocio. Si se marcha, lo hará con indemnización.

El éxito financiero no borra el problema estructural

Indra exhibe cifras récord, pero su situación interna es frágil.

  • Guerra accionarial abierta.
  • Proyecto de fusión fallido por conflicto de interés.
  • Gobierno sin mayoría clara.
  • Consejo dividido.
  • CEO en la cuerda floja.

La paradoja es evidente: cuanto mejor funcionan los números, más evidente se vuelve la crisis de gobernanza.

Porque el debate ya no es cuánto gana Indra.

Es quién controla realmente la compañía estratégica de defensa de España y bajo qué estándares.

Y esa discusión está lejos de resolverse.

Puedes leer el artículo original en El Debate.