Vínculos previos con el entorno Escribano que incomodan al sector

La compra del 89,69% de Hispasat por parte de Indra no solo ha supuesto un salto cuantitativo en el negocio espacial del grupo, sino también un cambio profundo en el equilibrio de poder dentro de un sector estratégico financiado en gran medida con dinero público. Nada más cerrar la operación, Indra ha movido ficha con rapidez: relevo de las cúpulas y nombramientos de máxima confianza para blindar el control interno.

El movimiento más significativo ha sido el nombramiento de Miguel Ángel Panduro como director de Indra Space. Un ascenso que no ha pasado desapercibido y que ha reactivado las críticas sobre puertas giratorias, concentración de cargos y falta de independencia real en la gobernanza del sector espacial español.

Panduro, de Hispasat a Indra Space sin solución de continuidad

Hasta ahora consejero delegado de Hispasat, Panduro pasa a dirigir la nueva división espacial de Indra, concentrando bajo su supervisión comunicaciones seguras, satélites civiles y militares y programas estratégicos de enorme sensibilidad. El cambio se produce sin transición, sin concurso y sin explicaciones públicas más allá de la habitual referencia a su “experiencia”.

Pero su perfil añade un elemento incómodo al debate: Panduro ya formó parte en el pasado del consejo de administración de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), la empresa familiar del presidente de Indra, Ángel Escribano, y cuya integración en el grupo sigue siendo uno de los asuntos más controvertidos sobre la mesa.

La combinación de estos factores —control accionarial, nombramientos internos y vínculos previos con el entorno Escribano— refuerza la percepción de un núcleo de poder cada vez más cerrado, donde los mismos perfiles se reciclan entre empresas estratégicas sin apenas contrapesos externos.

Una compra avalada por el Gobierno y ejecutada sin debate real

La adquisición de Hispasat, autorizada por el Consejo de Ministros y ratificada por la junta de accionistas de Indra, permite a la compañía consolidar también el control de Hisdesat, pieza clave en las comunicaciones militares españolas.

Desde Indra se defiende la operación como un paso para crear un “actor único en Europa” con capacidades integrales en el ámbito espacial. Sin embargo, voces críticas señalan que este supuesto campeón nace más de decisiones políticas que de una dinámica de mercado, con la SEPI como garante último del equilibrio… o de su ausencia.

Más poder, menos controles

El relevo simultáneo de los consejeros delegados de Hispasat y Hisdesat —con Luis Mayo y Ana María Molina asumiendo ambos cargos— completa una reordenación exprés que deja a Indra con el control total de la cadena de valor espacial y con un reducido grupo de directivos concentrando decisiones críticas.

El problema no es solo la acumulación de activos, sino la escasez de controles independientes en un sector donde confluyen defensa, seguridad nacional y grandes flujos de fondos públicos. La figura de Panduro, ahora en el centro del engranaje, simboliza esa continuidad sin fricciones entre empresas participadas, operadores estratégicos y entornos empresariales muy próximos al poder político.

Un campeón con pies de barro institucionales

Mientras Indra celebra su nueva posición en programas como SpainSat NG, PAZ, Copernicus o Galileo, el debate de fondo sigue sin abordarse: quién controla al controlador. La designación de Panduro tras la compra de Hispasat no disipa las dudas; al contrario, alimenta la crítica de que el sector espacial español se está configurando como un oligopolio gestionado desde un círculo cada vez más reducido.

En un contexto de creciente inversión pública en Defensa y espacio, la pregunta ya no es si Indra gana tamaño, sino si el modelo de gobernanza que está construyendo es compatible con la transparencia, la competencia y el interés general. Y, de momento, los movimientos tras la compra apuntan en la dirección contraria.


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