Una operación impulsada políticamente sin consenso técnico
El informe técnico que llevó a la fundación bancaria Kutxa a rechazar su participación en la compra de Ayesa Tecnología no solo pone en duda la idoneidad de Teknei como socio industrial, sino que extiende las críticas de forma indirecta a Indra, cuya reciente venta de su negocio de Business Process Outsourcing (BPO) ha añadido complejidad y riesgo a una operación ya de por sí controvertida.
El documento elaborado para el patronato de Kutxa cuestiona la capacidad del grupo liderado por Joseba Lekube para asumir el control de la antigua Ibermática, una compañía con cerca de 2.000 empleados, cuando acaba de adquirir a Indra su BPO en España, Colombia, Italia, Perú, México, Chile y Portugal por 96,6 millones de euros. Una operación que, según el análisis, obligará a Teknei a centrar buena parte de sus recursos en la integración de unos servicios que hasta ahora gestionaba la multinacional tecnológica participada por el Estado.
La venta de Indra, un factor de riesgo añadido
Kutxa considera que la compra del BPO de Indra no es un antecedente menor, sino un elemento que agrava el riesgo industrial y financiero del proyecto. El informe advierte de que Teknei deberá dedicar “esfuerzos prioritarios” a absorber esa operación, lo que reduce su margen de maniobra para liderar, de forma simultánea, Ayesa Tecnología.
En este contexto, la decisión de Indra de desprenderse de un negocio relevante y trasladar su gestión a un grupo con experiencia limitada en grandes integraciones es vista como una maniobra que traslada riesgos aguas abajo, especialmente cuando ese mismo grupo pasa a ser presentado como socio industrial de referencia en otra gran operación auspiciada desde las instituciones vascas.
Control con solo el 5% y dudas de gobernanza
El informe también cuestiona el esquema de control planteado. Teknei apenas tendría un 5% del capital en la adquisición de Ayesa Tecnología, pero asumiría su dirección efectiva, junto al Gobierno vasco, Kutxabank y BBK como accionistas principales. Para Kutxa, este desequilibrio entre participación y control incrementa los riesgos de gobernanza, más aún cuando Teknei acaba de asumir una integración compleja procedente de Indra.
Además, el análisis alerta de que Teknei ha sido la única opción considerada por el denominado “consorcio vasco”, sin que se valoraran alternativas industriales con mayor trayectoria en operaciones de este tamaño.
Precio elevado, deuda y ausencia de dividendos
Desde el punto de vista financiero, Kutxa subraya que la adquisición de Ayesa Tecnología —valorada en torno a 500 millones de euros— supone pagar diez veces el EBITDA previsto para 2025, lo que obligaría a renunciar durante años al reparto de dividendos. A ello se suma la necesidad de incrementar la deuda de la compañía, una cuestión que Kutxa considera insuficientemente aclarada por Kutxabank y BBK, las entidades que sí respaldan la operación con compromisos de 100 millones de euros cada una.
Una operación impulsada políticamente y con fisuras internas
La compra del área tecnológica de Ayesa ha sido promovida desde el Gobierno vasco, presidido por Imanol Pradales, y liderada en el ámbito financiero por BBK, sin que hasta la fecha se haya hecho público un informe técnico que contrarreste las advertencias de Kutxa. La fundación guipuzcoana, presidida por Rafael Amasorrain, tomó su decisión tras un debate interno dividido, reflejo de las dudas sobre una operación que cuenta con el respaldo de instituciones controladas por el PNV de Bizkaia.
La negativa de Kutxa ha provocado malestar en el entorno del Ejecutivo autonómico y críticas cruzadas entre partidos, mientras el presidente del PNV, Aitor Esteban, guarda silencio ante una brecha interna que evidencia la falta de consenso sobre una operación de gran calado.
Indra, en el origen de una cadena de riesgos
Más allá de Teknei, el informe de Kutxa deja en una posición incómoda a Indra, cuya estrategia de desinversiones y reorganización del negocio condiciona operaciones posteriores en las que interviene el sector público. La venta del BPO, lejos de cerrar una etapa, ha abierto interrogantes sobre a quién se trasladan los riesgos y si las decisiones de la compañía tecnológica están alineadas con la estabilidad del ecosistema industrial que dice querer impulsar.
En un contexto de operaciones millonarias, dinero público y apuestas estratégicas, Kutxa ha optado por dar un paso atrás. Su informe, sin embargo, deja una advertencia clara: las decisiones de Indra no son neutras, y sus efectos se extienden mucho más allá de su propio balance.


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