Puertas giratorias y redes de influencia política

La venta de la división de externalización de procesos (BPO) de Indra a la firma vasca Teknei ha pasado de ser una simple operación corporativa a convertirse en un símbolo del nuevo reparto de poder en el sector tecnológico español, cada vez más condicionado por alianzas territoriales e institucionales.

Indra se desprendió de un negocio que facturó 196 millones de euros en 2024 por apenas 96,6 millones, una decisión que ha sorprendido al mercado y que refuerza la percepción de que la tecnológica prioriza hoy ajustes estratégicos dictados desde el ámbito político más que una lógica estrictamente industrial. Pero si la operación plantea dudas en Indra, es en Teknei donde el foco crítico empieza a intensificarse.

Teknei, de actor secundario a nodo central del ecosistema vasco

Teknei, dirigida por Joseba Lekube, ha pasado en apenas cinco años de ser una empresa prácticamente desconocida a convertirse en pieza clave del entramado tecnológico vasco, con una expansión apoyada en compras sucesivas y en su estrecha relación con administraciones gobernadas por el Partido Nacionalista Vasco.

Fundada en México en 2010 y trasladada después a Bilbao, la compañía factura actualmente en torno a 150 millones de euros, pero aspira a alcanzar 1.000 millones en 2030. Su crecimiento no se explica solo por el mercado: Teknei se ha integrado en operaciones estratégicas impulsadas o respaldadas por instituciones vascas, desde la compra del área tecnológica de Ayesa hasta proyectos de centros de datos compartidos con el Gobierno vasco, diputaciones y grandes empresas.

La venta de Indra como catalizador de un nuevo gigante

La adquisición del BPO de Indra supuso para Teknei incorporar de golpe unos 5.000 empleados y una cartera de clientes consolidada en España y Latinoamérica. La operación se cerró apenas un mes antes de que la firma vasca participara en la compra de Ayesa IT por 480 millones de euros, una maniobra que dará lugar a una macroestructura de unos 18.500 trabajadores.

Este ritmo de crecimiento ha encendido alarmas incluso dentro del propio ecosistema financiero vasco. Kutxa, una de las fundaciones históricas del territorio, decidió descolgarse de la operación tras un informe que pone en duda la capacidad de Teknei para gestionar una empresa de tal tamaño, cuestionando el equilibrio entre riesgo, retorno y sostenibilidad.

Política, empresa y redes de influencia

Más allá de los números, Teknei destaca por su profunda conexión con el entorno político vasco. Su CEO es militante histórico del PNV y presidente de la organización extraterritorial del partido en México. En los últimos meses, la compañía ha incorporado a Mireia Zarate, ex número dos del PNV, reforzando la sensación de puertas giratorias entre política e iniciativa privada.

La red se extiende incluso al ámbito deportivo y social, con el control del Barakaldo Club de Fútbol, donde aparecen familiares directos del actual líder del PNV, Aitor Esteban. Un entramado que, sin ser ilegal, alimenta la percepción de un capitalismo de proximidad, en el que las oportunidades empresariales se concentran en círculos muy concretos.

Indra, proveedor de valor para terceros

En este contexto, la venta del BPO aparece como una transferencia de valor desde una gran cotizada estatal hacia un actor en expansión estrechamente ligado al poder territorial. Indra pierde un negocio rentable y diversificado mientras Teknei refuerza su posición como nuevo campeón tecnológico vasco, apoyado por instituciones financieras, administraciones públicas y una densa red de relaciones políticas.

El resultado es un doble desequilibrio: Indra se vuelve cada vez más dependiente del dinero público en Defensa, y Teknei crece a un ritmo que incluso algunos de sus potenciales socios consideran difícil de gestionar. Dos caras de una misma moneda que ilustran cómo la política condiciona cada vez más la arquitectura empresarial del sector tecnológico en España.

Más que una simple operación corporativa, la venta del BPO de Indra a Teknei revela un cambio de era: menos mercado, más poder institucional; menos competencia abierta y más alianzas territoriales. Un modelo que, lejos de disipar dudas, las multiplica.

Puedes leer el artículo original en elDiario.es.


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