Con el aval del Gobierno y el impulso de José Vicente de los Mozos, Indra avanza hacia una posición de control tecnológico sin precedentes tras su alianza con Escribano
José Vicente de los Mozos, consejero delegado de Indra Group, ha defendido públicamente la integración con Escribano Mechanical & Engineering como un paso “natural” para reforzar la autonomía industrial de España. Pero detrás del discurso de colaboración estratégica se dibuja una operación con claros réditos de poder y control tecnológico.
Durante su intervención en el Fórum Europa celebrado en Bruselas, De los Mozos insistió en que la unión con Escribano es “una oportunidad para transformar la industria nacional de defensa” gracias a la “complementariedad” de ambas compañías: Indra, tecnológica y de sistemas; Escribano, industrial y de fabricación. Sin embargo, el ejecutivo tuvo que esquivar preguntas por esquivar el conflicto de interés, dado que Ángel Escribano, presidente y copropietario de EM&E, ocupa también un asiento en el consejo de administración de Indra, la empresa que estas semanas está siendo protagonista.
El consejero delegado aseguró que el proceso se lleva a cabo “con total transparencia” y bajo supervisión de una comisión interna, aunque evitó detallar los términos de la operación. “No me importa el tiempo, sino la gobernanza de la compañía”, afirmó, en un intento por despejar las dudas sobre el peso político que rodea la integración.
El trasfondo económico y político de la fusión no pasa desapercibido. Desde que el Gobierno, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), consolidó su influencia en el consejo de Indra, la compañía ha pasado a desempeñar un papel central en la estrategia de defensa nacional. La incorporación de Escribano —empresa que multiplicó por ocho su facturación en apenas cinco años, impulsada por contratos públicos millonarios— situaría a Indra en una posición dominante sobre el ecosistema tecnológico de defensa español.
Para De los Mozos, la alianza no solo refuerza la capacidad industrial del país, sino que coloca a Indra como actor clave en el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS), el ambicioso programa europeo de cazas de sexta generación. “Si España aporta un 33 % a la financiación, debe recibir un 33 % de beneficio”, reiteró en Bruselas, reclamando mayor retorno industrial y control sobre los desarrollos tecnológicos.
La fusión con Escribano encaja en esa estrategia: ampliar el dominio de Indra sobre la producción nacional de sistemas avanzados, desde torretas de combate hasta sensores de vigilancia y satélites. El riesgo, advierten analistas, es que esta concentración de poder industrial y político en una sola corporación pueda reducir la competencia, la transparencia en las adjudicaciones y el margen de innovación de otras empresas del sector.
Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene su respaldo a la operación. La SEPI conserva un 28 % de participación en Indra, lo que le otorga poder de veto sobre decisiones estratégicas. En ese contexto, la figura de De los Mozos emerge como pieza clave de un engranaje que entrelaza intereses públicos y privados bajo el paraguas de la “autonomía tecnológica” española.
En palabras del propio consejero delegado, “la dirección está clara: queremos liderazgo, soberanía y capacidad de respuesta”. Pero en los pasillos de Bruselas y Madrid, muchos se preguntan si ese liderazgo será colectivo o el paso final hacia un control tecnológico total.


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