El precio objetivo de 60 euros aviva el debate sobre la independencia del análisis
La sombra del conflicto de interés vuelve a oscurecer a Indra. En pleno proceso de integración con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) —la empresa propiedad del propio presidente de la tecnológica, Ángel Escribano—, Goldman Sachs ha elevado su participación en Indra hasta el 10,7%, convirtiéndose en uno de los mayores accionistas justo cuando el banco estadounidense asesora a la compañía en esa misma operación.
El movimiento, lejos de ser casual, refuerza la sospecha de que los intereses financieros están modelando una fusión ya muy cuestionada dentro y fuera del consejo de administración.
Un aumento fulminante de participación
De acuerdo con los registros de la CNMV, Goldman incrementó su posición el pasado 2 de diciembre, pasando:
- de 0,1% a 2,35% en participación directa,
- y de 6,18% a 8,39% en instrumentos financieros,
hasta alcanzar un total del 10,7%, valorado en cerca de 900 millones de euros.
De esta forma, el banco supera en peso a grandes accionistas como Joseph Oughourlian (7%) y la familia Aperribay (8%), situándose solo por detrás de la SEPI (28%), EM&E (14%) y JPMorgan (15%).
El crecimiento es llamativo: desde que entró en Indra en 2022, Goldman nunca había superado el 8,5%. Ahora rompe esa barrera… precisamente cuando la fusión avanza entre tensiones y desconfianza.
El banco que asesora… marca el precio objetivo más alto
Mientras aumenta su influencia en el capital, Goldman Sachs también ha elevado el precio objetivo de Indra hasta los 60 euros por acción, un 23% más que el precio actual.
La coincidencia resulta, cuanto menos, incómoda: el banco que asesora la fusión y que incrementa masivamente su participación es el mismo que impulsa una recomendación bursátil que favorece esa operación.
Para analistas y minoritarios, la pregunta es evidente:
¿Está Goldman actuando como asesor independiente… o como accionista interesado?
Indra, estrella del Ibex a lomos del gasto militar
Es cierto que Indra vive su mejor momento bursátil: casi 9.000 millones de capitalización, cerca de 50 euros por acción y liderando el Ibex como el mejor valor del año. Pero ese éxito se apoya principalmente en el incremento del presupuesto de Defensa y en los contratos públicos ligados a la guerra de Ucrania.
Es precisamente este contexto el que ha inflado también el valor de EM&E, la empresa del propio presidente, cuya valoración se ha disparado desde los 100 millones en 2021 hasta los más de 2.000 millones que ahora pretenden justificar.
Una fusión cada vez más cuestionada
La integración entre Indra y EM&E sigue atascada por la fuerte resistencia en el consejo. Los consejeros independientes y la SEPI ya frenaron en noviembre el intento del presidente de aprobarla sin disponer de las cuentas auditadas de 2025.
La operación está rodeada de preguntas incómodas:
- ¿Debe Indra comprar la empresa de su propio presidente?
- ¿Quién se beneficia realmente del incremento del gasto público en defensa?
- ¿Por qué se acelera la fusión cuando los órganos de control piden prudencia?
La entrada reforzada de Goldman Sachs, lejos de despejar dudas, añade una más:
¿Puede el principal asesor de la operación actuar con neutralidad cuando acaba de situarse como uno de los grandes accionistas con 900 millones en juego?
Un cóctel explosivo de poder financiero, intereses cruzados y dinero público
La fusión con EM&E, anunciada como un paso estratégico para el sector, se ha convertido en un ejemplo de manual de gobernanza erosionada, opacidad en los incentivos y presiones externas que desdibujan el interés real de la compañía y del contribuyente.


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