Pinya cambia de posición y se alinea con los críticos de la fusión

La operación entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), presentada como el gran movimiento estratégico del grupo, se ha convertido en un foco de dudas, tensiones y críticas. Lo que parecía un trámite encarrilado desde verano hoy es una operación contaminada por un conflicto de interés evidente: Ángel Escribano, presidente de Indra, pretende integrar la empresa familiar que él mismo posee junto a su hermano Javier.

La ruptura entre Junts per Catalunya y el Gobierno ha alterado el equilibrio interno de Indra. El consejero Oriol Pinya, nombrado con el impulso de Junts, ha pasado de figura neutral a opositor de la fusión. Según fuentes internas, se ha alineado con Belén Amatriain, la consejera más crítica con la absorción de EM&E, fracturando la comisión encargada de supervisar el proceso.

Una comisión clave, debilitada y bajo presión

La dimisión de Bernardo Villazán ha dejado tocada la comisión creada ad hoc para garantizar la transparencia del proceso. Su tarea es elaborar un informe que certifique una operación “limpia”, pero el clima político, las tensiones internas y los intereses cruzados hacen difícil asegurar la imparcialidad que exige una fusión tan delicada.

Un conflicto de interés imposible de disimular

La Fundación Hay Derecho ha solicitado a la CNMV investigar “posibles incumplimientos de normas y actuaciones concertadas”. El motivo es claro: Ángel Escribano actúa simultáneamente como presidente de Indra y como vendedor de EM&E, un caso de manual que cuestiona la gobernanza corporativa en una empresa donde el Estado (SEPI) controla el 28% del capital.

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