El vehículo anfibio vuelve a unir a Indra y EM&E en plena fusión cuestionada

El Gobierno ha puesto en marcha una nueva cascada de programas especiales de modernización militar, con una inversión adicional de 10.471 millones de euros destinada a elevar el presupuesto de Defensa al 2,1% del PIB. Y, como viene ocurriendo de forma recurrente en los últimos años, Indra —junto a Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), la empresa familiar del propio presidente de Indra— vuelve a colocarse en el centro del reparto.

Mientras el Ministerio vende estos proyectos como un avance tecnológico para las Fuerzas Armadas, el mapa de adjudicaciones revela un patrón preocupante: las mismas compañías de siempre, con las mismas dudas de siempre, son las principales beneficiadas. Y entre ellas destaca, una vez más, una Indra inmersa en polémicas por conflictos de interés, retrasos industriales y una fusión cuestionada.

Airbus arrasa… pero Indra se asegura más de 2.000 millones

Airbus fue el gran vencedor del Consejo de Ministros, con más de 3.500 millones entre helicópteros, aviones de sustitución del Aviocar y sistemas de instrucción en vuelo. Pero Indra no se quedó atrás. La tecnológica española, que lleva meses defendiendo la integración de EM&E pese al evidente conflicto societario, recibió tres nuevos programas que suman más de 2.000 millones de euros.

1) Artillería antiaérea: 1.686 millones para Indra

El mayor contrato para la compañía presidida por Ángel Escribano consiste en modernizar 18 centros de operaciones de artillería antiaérea para el Ejército de Tierra y adquirir uno para la Armada. El proyecto alcanza los 1.686 millones, con 820 millones en créditos blandos del Gobierno. De ellos, 432 millones llegarán ya en 2025, acelerando la dependencia de Defensa respecto a la compañía.

2) Cyber Range: otro programa inflado

Indra también coordinará el programa Cyber Range, una plataforma virtual de entrenamientos y simulaciones en entornos clasificados. El contrato asciende a 57,8 millones, pero el dato llamativo es otro: la empresa ya había recibido 336 millones en prefinanciación. Un desequilibrio llamativo que vuelve a poner sobre la mesa los criterios de asignación.

3) Vehículo anfibio: Indra y EM&E, socios… y beneficiarios

El tercer contrato, de 306 millones, es quizá el más controvertido: Indra y Escribano Mechanical & Engineering coordinarán la producción de 34 vehículos anfibios. Vuelve así la preocupación habitual: la empresa familiar del presidente de Indra gana peso en el sector a través de contratos públicos mientras avanza una fusión profundamente cuestionada por expertos en gobierno corporativo y por organizaciones como Hay Derecho.

La gran pregunta: ¿es Indra realmente capaz de asumir estos programas?

El reparto llega en un momento especialmente delicado para Indra. La compañía arrastra retrasos en programas esenciales, como el 8×8 para el Ejército de Tierra, que inquietan al propio Ministerio de Defensa. Además, la integración con EM&E —una pyme del sector que no puede compararse con los grandes fabricantes europeos— se interpreta más como una operación de autoprotección empresarial que como un salto industrial real.

En otras palabras: Indra y EM&E reciben miles de millones mientras aún no han demostrado capacidad industrial suficiente para cumplir con lo ya adjudicado.

El riesgo de construir una potencia militar sobre bases frágiles

Mientras el Gobierno acelera para anunciar inversión, cifras récord y más gasto en Defensa, el fondo del asunto sigue intacto: España depende, cada vez más, de un núcleo reducido de empresas, y entre ellas sobresale una Indra que multiplica contratos mientras intenta cerrar la compra de la compañía de su propio presidente.

Una combinación explosiva de dinero público, intereses privados y falta de garantías industriales que amenaza con convertir el mayor esfuerzo de modernización militar de España en un negocio perfecto para unos pocos… y un riesgo operativo para todos.

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