El Ministerio de Defensa ha exigido explicaciones a Indra por los retrasos del blindado 8×8 Dragón, un proyecto clave que acumula incumplimientos y conflictos internos.
El blindado 8×8 Dragón, llamado a convertirse en el vehículo de referencia del Ejército de Tierra, se ha convertido en una fuente de tensión dentro del complejo industrial de defensa español. El proyecto, en manos del consorcio Tess Defence —participado por Indra, SAPA Placencia, Escribano Mechanical & Engineering y Santa Bárbara Sistemas— acumula años de retrasos y advertencias del Ministerio de Defensa, que ha llegado a amenazar con sanciones a la empresa por incumplimiento de plazos.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, lanzó hace unas semanas un nuevo aviso a los responsables del programa tras una reunión con la cúpula de Tess Defence. Robles expresó su “preocupación” por los continuos retrasos en la fabricación y avisó de que el Gobierno adoptará “las medidas oportunas” si no se cumplen los compromisos de entrega.
El conflicto tiene un componente industrial y político. Tess Defence nació en 2020 como respuesta a la incapacidad de Santa Bárbara Sistemas, filial de General Dynamics, de cumplir las condiciones iniciales del contrato. El nuevo consorcio, liderado por Indra —empresa estratégica con participación estatal a través de la SEPI—, asumió el reto de fabricar 348 blindados por un valor de 2.100 millones de euros, con un calendario de entregas que debía extenderse hasta 2025.
Indra bajo presión
Sin embargo, el avance ha sido mucho más lento de lo previsto. Las primeras unidades deberían haberse entregado en diciembre de 2024, pero hasta la fecha el Ejército solo ha recibido 11 vehículos. Indra, que actúa como socio tecnológico y coordinador industrial, asegura que la producción se acelerará y prevé entregar entre 60 y 80 blindados antes de que finalice el año.
Detrás de los retrasos asoman tensiones entre los socios del consorcio. Según fuentes del sector, los Escribano culpan a SAPA de fallos en los sistemas de transmisión, mientras que los Aperribay (propietarios de SAPA) señalan a Indra y a los hermanos Escribano por una gestión deficiente y por conflictos internos que estarían afectando al ritmo de trabajo.
El proyecto del 8×8 Dragón es considerado esencial para sustituir los BMR —vehículos que ya han superado su vida útil y presentan graves deficiencias de seguridad— y para dotar al Ejército de una flota moderna y tecnológicamente avanzada. Pero el cúmulo de retrasos amenaza con erosionar la credibilidad de la industria de defensa española, justo cuando el Gobierno busca reforzar su autonomía estratégica y su papel en los programas europeos.
En palabras de un alto mando militar consultado, “el 8×8 debería ser el símbolo del salto tecnológico del Ejército, pero se está convirtiendo en el espejo de las divisiones empresariales y políticas que lastran el sector”.


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