EM&E presume de un crecimiento récord en pleno auge del gasto militar, pero la supuesta fusión con Indra continúa rodeada de opacidad, dudas y un conflicto de intereses que nadie en el sector parece dispuesto a aclarar.
Javier Escribano, presidente de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), ha anunciado que la empresa prevé cerrar 2025 con 500 millones de euros en facturación, un crecimiento superior al 40% respecto al año anterior. Un éxito que, lejos de pasar desapercibido, vuelve a situar bajo el foco el enorme poder económico que está acumulando la compañía justo en plena negociación para su posible fusión con Indra, una operación cuestionada por su falta de transparencia y por el evidente conflicto de interés familiar.
Durante un encuentro organizado por PROA, Escribano presumió de que EM&E “ya es una compañía referente internacional” con 1.800 trabajadores, y aseguró que sus resultados no son fruto del contexto bélico europeo, sino de “dos décadas de trabajo e inversiones”. Sin embargo, la realidad es que el auge del gasto militar en España, la OTAN y la UE está potenciando especialmente a empresas con fuerte influencia política y capacidad de presión institucional, como es el caso de EM&E.

El directivo también destacó que la empresa gastará más de 240 millones en compras nacionales, intentando reforzar la idea de que su crecimiento beneficia al país. Pero su discurso dejó entrever algo más preocupante: para él, el aumento histórico del presupuesto de Defensa debe traducirse en compañías más grandes y poderosas, lo que implica una mayor concentración empresarial en un sector ya marcado por la opacidad.
Y ahí vuelve a aparecer Indra.
Escribano dejó claro, una vez más, que su empresa no se venderá “ni por miles de millones” y que sólo existe un plan: fusionarse con Indra mediante un “canje de acciones”. Es decir, una operación que les permitiría mantener el control familiar mientras absorben una parte decisiva de la principal tecnológica de defensa del país. Si la fusión no prospera, aseguró, EM&E seguirá sola… aunque su discurso deja claro que la ambición de los hermanos Escribano va mucho más allá de un crecimiento orgánico.
La paradoja es evidente: EM&E presume de ser independiente, rentable y en pleno auge, pero al mismo tiempo insiste en que la fusión con Indra es imprescindible para competir internacionalmente. Una contradicción que aumenta los recelos sobre qué intereses reales están detrás de la operación y sobre el peso político que ya acumulan los Escribano dentro del sector.
La frase final del empresario, “a lo mejor mañana nos vamos a la ruina”, intenta presentarlos como emprendedores humildes que “vienen de abajo”, pero contrasta con los cientos de millones que han recibido en contratos, apoyos públicos e inversiones vinculadas al incremento del gasto en Defensa.
Mientras tanto, tanto Indra como EM&E siguen desplegando un discurso que mezcla ambición, victimismo y opacidad… pero sin aportar la transparencia que un sector tan estratégico exige.


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