Una rueda de prensa improvisada con mensaje político

El escenario no fue casual. En pleno Mobile World Congress, y en medio de la guerra abierta con el Gobierno, el presidente de Indra, Ángel Escribano, utilizó una rueda de prensa improvisada para lanzar un mensaje directo a Moncloa: sigue en su asiento y no contempla marcharse.

“Creo que mi trabajo habla por sí mismo”, respondió cuando fue preguntado por su futuro. Negó conocer maniobras para forzar su salida y aseguró estar “muy a gusto” en la compañía. Pero el mensaje real iba mucho más allá de una frase de cortesía: era una exhibición pública de resistencia.

Un presidente atrincherado

Las tensiones entre Escribano y el Gobierno, a través de la SEPI, no son un secreto. El Ejecutivo ha tratado de reconducir la polémica operación con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) para reducir el evidente conflicto de interés derivado de que el presidente de Indra sea propietario de la empresa que pretende integrar.

Se llegó incluso a especular con su salida si la operación no se rediseñaba bajo parámetros más controlables desde el ámbito público.

La respuesta de Escribano ha sido frontal: no solo no se aparta, sino que convierte cada comparecencia en una reafirmación de poder.

De los Mozos se alinea y refuerza el pulso

El consejero delegado, José Vicente de los Mozos, se sumó al mensaje con contundencia: “Soy un industrial, no me planteo otra cosa que no sea la adquisición de EM&E”.

No hay plan B. No hay alternativa estratégica. No hay matices.

La cúpula directiva insiste en que no existe conflicto de interés y que la adquisición es clave para el crecimiento del negocio de defensa. El mensaje implícito es claro: quien cuestione la operación cuestiona el proyecto industrial.

Resultados récord como escudo

La intervención llega en un momento en el que Indra exhibe cifras históricas y una revalorización bursátil extraordinaria. Escribano se apoya en esos números como blindaje político y corporativo.

Pero el éxito financiero no elimina el conflicto de fondo: el Gobierno no tiene mayoría suficiente para destituirle, y el presidente lo sabe.

La comparecencia en el Mobile no fue una simple reacción ante rumores. Fue una demostración pública de que, hoy por hoy, Moncloa carece de los votos necesarios para moverlo.