El sello “made in UK” como atajo para competir en Defensa
El anuncio de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) de abrir su primera planta industrial en Reino Unido llega envuelto en una paradoja difícil de ignorar: la empresa proyecta una expansión internacional mientras todavía no ha demostrado contar con los medios industriales, humanos y tecnológicos suficientes para ejecutar con solvencia los contratos multimillonarios que ya le han sido adjudicados en España.
La decisión se produce apenas tres meses y medio después de que Ángel Escribano visitara Downing Street acompañado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Desde entonces, el grupo familiar ha encadenado anuncios estratégicos que contrastan con la escasa trayectoria internacional y la limitada estructura industrial con la que afronta algunos de los mayores programas de Defensa del actual ciclo inversor.
Contratos gigantes, estructura limitada
EM&E se ha convertido en uno de los grandes beneficiarios del aumento del gasto militar en España, con un papel central en los dos mayores contratos de artillería del Ejército, adjudicados mediante procedimientos negociados sin publicidad que dejaron fuera a competidores con décadas de experiencia y capacidad industrial acreditada, como Santa Bárbara Sistemas.
Sin embargo, fuentes del sector advierten de una brecha creciente entre el tamaño de los contratos adjudicados y la capacidad real de ejecución de Escribano. La empresa, que hasta hace pocos años estaba centrada en actividades de mecanizado y mantenimiento, no dispone de una red industrial comparable a la de los grandes grupos europeos, ni de una cadena de suministro propia plenamente consolidada para programas de esta envergadura.
Expansión exterior sin haber consolidado la base
Pese a ello, Escribano ha anunciado la creación de EM&E Group UK y la apertura de una planta en el sureste de Inglaterra, con la aspiración de estar operativa en la primavera de 2026. La compañía asegura que la instalación contará con capacidades industriales completas y permitirá optar al sello “made in UK”, requisito clave para competir en programas británicos de torres de armas, sistemas electroópticos, guiado de misiles o robótica.
El problema, apuntan varios analistas, es que EM&E pretende replicar en Reino Unido un modelo que en España se ha sostenido fundamentalmente en adjudicaciones públicas excepcionales, no en una competitividad contrastada en mercados abiertos. Exportar ese modelo a un país con una industria de Defensa altamente consolidada como Reino Unido plantea dudas serias sobre su viabilidad real.
Crecimiento impulsado por la política, no por el mercado
El contexto político vuelve a ser determinante. La expansión internacional coincide con la integración multimillonaria de EM&E en Indra, una operación aplazada a 2026 y rodeada de críticas por el conflicto de interés evidente que supone que el presidente de Indra sea, a la vez, uno de los propietarios de Escribano.
Para muchos observadores, el anuncio de la planta británica parece más orientado a reforzar artificialmente la valoración del grupo y a construir un relato de “campeón industrial europeo” que a responder a una estrategia industrial sólida y contrastada.
Riesgos acumulados y ejecución pendiente
Mientras tanto, los contratos ya firmados siguen exigiendo resultados. La artillería autopropulsada, los sistemas asociados y otros programas clave requieren plazos, certificaciones y capacidades técnicas que no admiten improvisación. La preocupación en el sector no es menor: si Escribano tiene dificultades para ejecutar en tiempo y forma los proyectos adjudicados en España, la expansión internacional podría agravar los problemas en lugar de resolverlos.
En lugar de consolidar primero su base industrial, EM&E opta por crecer hacia fuera, apoyada en un contexto político favorable y en contratos ya asegurados. Una estrategia que, lejos de despejar dudas, acentúa la sensación de que la empresa avanza más rápido que su propia capacidad para sostener ese crecimiento.
Un salto adelante con más preguntas que respuestas
La futura fábrica en Reino Unido puede acabar siendo un éxito o un nuevo frente de riesgo. Hoy, sin embargo, lo que queda claro es que Escribano se enfrenta a contratos gigantes con una estructura todavía en construcción, y que su expansión internacional llega antes de haber demostrado que puede cumplir plenamente con los compromisos que ya tiene sobre la mesa.
En un sector tan crítico como el de la Defensa, crecer sin músculo suficiente no es una virtud, sino un peligro. Y esa es la pregunta que sigue sin respuesta en el caso Escribano: ¿tiene realmente la capacidad para ejecutar lo que ya ha ganado, o su expansión es otro salto al vacío amparado por el poder político?


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