Escribano y su fusión con Indra, entre ambición y conflictos de interés
El presidente de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), Javier Escribano, ha reiterado que la fusión con la tecnológica española Indra “tiene sentido”. Todo ello para aspirar a los grandes contratos internacionales de defensa, y que, de concretarse, permitiría competir con gigantes como Leonardo en un plazo de cinco a diez años. Sin embargo, la operación, que inicialmente se esperaba cerrar antes de enero, podría retrasarse hasta el primer trimestre de 2026.
Escribano ha dejado claro que su empresa no está a la venta, incluso si le ofrecieran “miles de millones”, y que no participará en ninguna otra operación corporativa. Con este discurso, el empresario refuerza la ambición de consolidar un “plan A” en el que la fusión es la única vía para crear una compañía de defensa de gran escala, a pesar del evidente conflicto de interés con su hermano Ángel, actual presidente de Indra y consejero de EM&E.

El ejecutivo también se mostró confiado sobre la situación del sector: prevé “cinco años de vacas gordas” y sostiene que la industria nacional debe estar preparada para aprovechar esta oportunidad, desarrollando tecnología propia ante restricciones como el embargo de armas a Israel. Escribano defendió la capacidad de su empresa para generar innovación y crecimiento por sí sola, con una facturación prevista de entre 480 y 500 millones de euros este año y compras anuales a proveedores españoles por unos 240 millones, lo que muestra que EM&E ya tiene un peso considerable en la industria.
El general Félix Luis Roldán, exjefe del Estado Mayor de la Defensa, ha respaldado la idea de alianzas estratégicas, advirtiendo que “se ha acabado escudarse en que no hay dinero” y que la industria debe trabajar de manera conjunta para competir en los programas europeos e internacionales.
Sin embargo, los críticos señalan que la fusión podría concentrar demasiado poder en manos de los Escribano, dado que la valoración de EM&E permitiría alcanzar una participación similar a la del Estado en Indra (27%), y que la operación está rodeada de “literatura errónea” y falta de transparencia. Mientras Javier defiende que “funcionaremos a tope aunque no haya fusión”, la incertidumbre sobre los intereses familiares y el control de la industria plantea serias dudas sobre el impacto de esta estrategia para la competencia y la defensa española.


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