La apuesta militar se impone mientras se diluye la capacidad digital

Indra ha anunciado la venta de todo su negocio de externalización de servicios (BPO) a la compañía vasca Teknei por 96,6 millones de euros, una cifra que muchos analistas consideran baja para un activo con presencia en siete países y más de 5.000 empleados altamente especializados. La operación confirma un patrón preocupante: mientras la empresa multiplica su dependencia del sector defensa —financiado mayoritariamente con dinero público— continúa desmantelando áreas centrales de su actividad civil y digital.

Indra abandona un negocio rentable y con presencia internacional

El negocio vendido, integrado en Minsait, era uno de los pocos segmentos en los que Indra mantenía una presencia sólida en mercados internacionales (España, Italia, Portugal y Latinoamérica). Con esta venta, la compañía renuncia a competir en externalización de procesos y servicios avanzados, justo cuando sus principales rivales refuerzan esta línea en plena digitalización global.

Pese a que Indra intenta presentar el movimiento como un paso lógico de su estrategia, la realidad es que la empresa reduce su perímetro industrial y pierde diversificación, mientras traslada talento y contratos a un competidor que sí quiere crecer en ese espacio.

Una “cláusula social” para maquillar una salida masiva de personal

Indra subraya la existencia de una cláusula social que garantiza el empleo de los más de 5.000 trabajadores transferidos durante al menos dos años. Sin embargo, esta condición no deja de ser un elemento de maquillaje para justificar una salida masiva de personal que evidencia el repliegue de Minsait, una división que hace apenas unos años era presentada como el motor innovador de Indra.

Que un negocio con miles de profesionales especializados salga por menos de 100 millones plantea además dudas sobre si la compañía está malvendiendo activos para financiar su nueva apuesta militar.

Teknei crece donde Indra retrocede

Teknei se convierte en el gran beneficiado de la operación. Su consejero delegado, Joseba Lekube, celebra la adquisición como una “palanca de crecimiento”, imprescindible para alcanzar los 1.000 millones de facturación en 2030. La empresa vasca adquiere escala, talento y presencia en sectores clave como banca, seguros y administraciones públicas.

Es decir: mientras Indra se repliega, Teknei avanza.

El giro absoluto a Defensa deja un rastro de dudas

El consejero delegado de Indra, José Vicente de los Mozos, presenta la venta como un movimiento “prioritario” dentro del plan estratégico. Pero el mensaje de fondo es evidente: la compañía se está deshaciendo de capacidades enteras mientras multiplica su dependencia del dinero público, especialmente en programas de Defensa.

La operación alimenta la sensación de que Indra está convirtiéndose en una empresa cada vez más militarizada, menos diversificada y más expuesta al vaivén político y presupuestario. Y todo ello mientras vende activos digitales a precio reducido para concentrar recursos en un sector que ya acumula polémicas, retrasos y cuestionamientos institucionales.

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