Independientes en minoría: un consejo cada vez más desequilibrado
Indra ha anunciado una reorganización interna de sus comisiones del consejo de administración, un movimiento que la compañía presenta como una actualización de su gobernanza pero que, a la vista de la nueva composición, consolida todavía más el peso de la SEPI y del entorno del presidente Ángel Escribano en los órganos clave de control. Lejos de avanzar hacia una estructura más independiente, el rediseño reproduce los mismos desequilibrios que desde hace años generan preocupación en el mercado.
Nombramientos bajo dominio dominical
La Comisión de Nombramientos, Retribuciones y Gobierno Corporativo —la más sensible por su capacidad de influir en los fichajes del propio consejo— estará presidida por el independiente Bernardo Villazán, pero dominada por perfiles con intereses directos: dos representantes de la SEPI (Antonio Cuevas y Juan Moscoso del Prado) y Javier Escribano, hermano del presidente de Indra y consejero dominical por parte de Escribano Mechanical & Engineering.
El órgano encargado de seleccionar y evaluar a los consejeros independientes vuelve a quedar, así, en manos de quienes precisamente no lo son.
La auditoría tampoco escapa al control
La Comisión de Auditoría y Cumplimiento —responsable de supervisar las cuentas, los riesgos y el cumplimiento normativo— también mantiene una presencia significativa de consejeros dominicales. Entre ellos, el exministro Miguel Sebastián (SEPI) y Pablo Jiménez de Parga (Amber Capital), dos perfiles con capacidad de orientar decisiones clave en materia financiera.
Aunque la presidencia recae en la independiente Eva María Fernández, el peso numérico y político de los dominicales dificulta un ejercicio de supervisión realmente autónomo.
Un consejo cada vez más politizado
La Comisión de Sostenibilidad, presidida ahora por la independiente Belén Amatriain, repite el mismo patrón: presencia simultánea de independientes y dominicales de la SEPI. Por su parte, la Comisión de Estrategia incorpora a la independiente María Teresa Busto, pero sin cambios estructurales.
La compañía anuncia además la apertura del proceso para seleccionar una nueva consejera independiente. Sin embargo, el nombramiento dependerá precisamente de una Comisión de Nombramientos donde la independencia real es minoritaria.
Más control, no más gobernanza
En conjunto, la reorganización aleja a Indra del estándar de independencia que se espera de una empresa cotizada del Ibex, especialmente una con presencia tan relevante del sector público. La SEPI consolida su influencia simultánea en múltiples comisiones, mientras la familia Escribano mantiene posiciones privilegiadas en áreas decisivas.
El resultado es una estructura de poder cada vez más centralizada y menos equilibrada, en la que los órganos creados para garantizar la supervisión y el control terminan controlados por quienes deberían ser supervisados.
Indra presenta el movimiento como una mejora en gobernanza. La lectura más realista apunta en otra dirección: la compañía profundiza en un modelo politizado y altamente dependiente de intereses dominicales, reduciendo aún más el espacio para el gobierno independiente y profesional que reclaman los inversores.


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