La alianza entre Prisa, Amber Capital e Indra consolida un poderoso eje político, mediático y empresarial que difumina los límites entre la información, los negocios y la influencia del Estado.

La relación entre Grupo Prisa e Indra se ha convertido en uno de los ejes menos transparentes del actual panorama económico español.
A través de Amber Capital, el fondo de inversión dirigido por Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, el grupo mediático mantiene una participación del 7,24 % en Indra, la empresa tecnológica y de defensa más grande bajo control «parcial» del Estado.

En teoría, se trata de una inversión financiera. En la práctica, es una alianza política y empresarial que ha permitido al Gobierno afianzar su control sobre Indra y reforzar la narrativa mediática en torno a la “reindustrialización estratégica” de España.

Joseph Oughourlian y Pedro Sánchez | Foto-montaje: Carmen Vivas Fuente. El independiente

Oughourlian, que en 2022 ya había sido clave en la destitución de consejeros independientes críticos con la SEPI dentro del consejo de Indra, ha consolidado su posición como aliado del Ejecutivo en la transformación de la compañía en un “campeón nacional” del sector defensa.
El bloque SEPI–SAPA–Amber (Prisa) controla hoy más del 40 % del capital, una mayoría de facto que ha reducido la pluralidad interna de la compañía y ha generado inquietud entre inversores internacionales.

Puertas giratorias

Desde entonces, Indra ha multiplicado su exposición al negocio militar, especialmente tras hacerse con el control de Tess Defence y proyectar la polémica fusión con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), empresa propiedad del propio presidente de Indra, Ángel Escribano.
Una operación que abre la puerta a la sospecha. También hay que tener en cuenta que cuenta con el beneplácito de un consejo alineado con la parte gubernamental y con Amber Capital, mientas que los órganos reguladores guardan silencio porque no les queda otra alternativa.

El papel de Prisa en todo este entramado es doble y delicado. Por un lado, actúa como socio financiero en una empresa clave para la estrategia militar española. Por otro, controla medios de comunicación —El País, la Cadena SER o Cinco Días— que tienen el objetivo de informar pero están demasiado ocupados e adular.

La confusión entre poder económico, mediático y político nunca había sido tan evidente: el mismo grupo que opina sobre los contratos de defensa del Estado es, al mismo tiempo, uno de los mayores accionistas de la compañía que lo lleva a cabo.

Caballo ganador

Mientras tanto, el sector financiero ha apoyado la apuesta: la acción de Indra ha subido más de un 40 % desde la entrada de Amber Capital. Oughourlian ha ganado más de 100 millones de euros en revalorización bursátil.
En contraste, Prisa sigue atascada por una deuda de más de 700 millones y una cotización en mínimos históricos. El éxito de Oughourlian en Indra contrasta con el fracaso de su gestión en el grupo mediático, lo que lleva a preguntarse si el verdadero negocio de Prisa está ya más en los despachos de Moncloa que en las redacciones.

El presidente de Indra, Ángel Escribano, junto al consejero delegado, José Vicente de los Mozos.Gustavo Valiente / Europa Press

La alianza entre Prisa e Indra, bendecida por Moncloa, consolida un modelo de capitalismo político sin precedentes donde los límites entre la información, la industria y la influencia se diluyen hasta convertirse en tres caras conocidas: Ángel Escribano, Pedro Sánchez y Joseph Oughourlian.
En un país donde el principal contratista de defensa comparte accionistas con el mayor grupo mediático, la independencia informativa corre el riesgo de convertirse en una mera ficción orwelliana.

Más relaciones entre el Grupo Prisa e Indra

Más información sobre las repercusiones aquí.


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