La creación de Indra Weapons & Ammunition desmonta el mensaje del folleto del fondo
Indra, el grupo que preside Ángel Escribano, ha puesto en marcha un nuevo fondo de capital riesgo de hasta 200 millones de euros, Indraventures I, con el que pretende entrar en el capital de startups y compañías tecnológicas vinculadas a Defensa, aeroespacial, ciberseguridad e incluso IA o computación cuántica. La iniciativa refuerza la ofensiva del grupo para convertirse en el autodenominado “campeón nacional de Defensa”, pero también abre una contradicción que ya genera desconcierto en el sector: el fondo prohíbe invertir en empresas que fabriquen o comercialicen armas… mientras la propia Indra impulsa desde hace un año su división de armamento.
Un fondo “ético” para una empresa que acaba de crear una filial de armas
El folleto registrado en la CNMV establece una regla explícita: Indraventures I no podrá invertir en compañías que produzcan o vendan armamento. Una cláusula habitual en fondos que buscan atraer a inversores con políticas ESG estrictas, pero sorprendente cuando se trata de una empresa que, en paralelo, ha reorientado su estatuto social para dedicarse precisamente a la fabricación militar.
En los últimos meses, Indra ha creado Indra Weapons & Ammunition, una filial dedicada a munición, armamento, sistemas de guiado, antidrones y tecnologías no tripuladas. Un paso que consolidó su giro definitivo hacia el negocio militar, después de que el Gobierno reforzara su control accionarial para impulsar su papel estratégico.
La paradoja es evidente: Indra se reserva para sí misma lo que veta a su propio fondo.
Competencia directa con Hyperion y Nazca
El fondo nace para competir con Hyperion, impulsado por Pablo Casado, y con Nazca, dos vehículos que también han entrado en el boyante mercado de la Defensa. Todos ellos incluyen restricciones similares, pero ninguna de las firmas se encuentra en la contradicción de fabricar armas mientras evita financiar armas.
Con Indraventures I, Indra busca tomar participaciones minoritarias —aunque contempla poder llegar a controlar empresas tras “inversiones complementarias”— en compañías españolas o europeas de uso dual. Al menos el 51% del capital deberá invertirse en empresas con sede en España, un movimiento que muchos analistas interpretan como un intento de captura del ecosistema tecnológico nacional, justo cuando la compañía acelera compras estratégicas como Hispasat o el negocio de drones de Aertec.
Una expansión acelerada en pleno auge del rearme
La compañía, una de las más activas en adquisiciones en Defensa, da con este fondo un nuevo paso para ampliar su influencia en tecnologías consideradas críticas. Los tickets serán más pequeños que en operaciones anteriores, pero orientados a startups y empresas en crecimiento, un sector donde la dependencia de un socio dominante puede condicionar el desarrollo futuro.
Mientras tanto, las restricciones éticas incluidas en Indraventures I —contra armas, tabaco, alcohol o petróleo— contrastan con la realidad del grupo, cuya actividad militar no deja de intensificarse. Un contraste que alimenta críticas sobre la falta de coherencia y transparencia en la estrategia corporativa de Indra, especialmente desde que decidió reformular su objeto social para expandirse en el ámbito militar.
Un “campeón nacional” con reglas para otros, no para sí mismo
La iniciativa confirma la ambición del grupo de Escribano de ocupar un papel central en la cadena de valor de Defensa en España y la UE. Pero también plantea una incómoda pregunta:
¿Puede una empresa que fabrica sistemas de combate vender como ético un fondo que prohíbe invertir en armas?
Mientras Indra crece, compra, absorbe e impulsa divisiones de armamento, su fondo evita —por exigencia de los propios partícipes— asociarse a ese mismo negocio. Una dualidad que, lejos de disipar dudas, refuerza la percepción de opacidad que acompaña al proceso de militarización acelerada de la compañía.


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