Indra se queda sin aliados dentro del propio Ministerio de Defensa
Las visitas ministeriales nunca son casuales. La de Margarita Robles, ministra de Defensa, a la fábrica de Urovesa, en Valga (Pontevedra), el pasado 10 de octubre, ha sido interpretada como una maniobra política cuidadosamente medida.
Con el gasto en defensa disparado por la guerra en Ucrania y las tensiones internas dentro de Indra, Robles eligió Galicia —no Madrid— para mostrar apoyo a otra empresa del sector y enviar un mensaje claro: Indra no es la única compañía con capacidad industrial para abastecer al Ejército español.
Durante su recorrido por las instalaciones, la ministra no escatimó elogios: “quiero agradecer a Urovesa y a todos los trabajadores el esfuerzo y la dedicación que ponen. El compromiso del Ministerio de Defensa es seguir invirtiendo para crear empleo”, declaró con entusiasmo.
El contraste con Indra y los Escribano
El tono fue radicalmente distinto al que Robles empleó apenas tres días antes, el 7 de octubre, tras visitar Indra: “la ministra transmite su preocupación por los retrasos en el programa de vehículos 8×8 para el Ejército de Tierra”, rezaba el comunicado oficial.
El contraste no pasó desapercibido en los despachos. Entre ambas visitas, los hermanos Aperribay, propietarios de SAPA Placencia (7% de Indra y enemigos declarados de los Escribano), fueron recibidos por Pedro Sánchez en La Moncloa.
Un gesto que muchos interpretan como una advertencia directa al presidente de Indra, Ángel Escribano, y a su hermano Javier, cabeza de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
Moncloa envía un mensaje
El entorno de Defensa y Moncloa lo tiene claro: los Escribano no pueden monopolizar el sector militar español. Empresas como SAPA, Navantia o Urovesa tienen capacidad suficiente para responder a las necesidades del Ejército sin depender de Indra ni de su red de influencia.
Fundada por José Sierra Fernández y dirigida hoy por su hijo Justo Sierra Rey, Urovesa fabrica los vehículos VERT, de reconocimiento del terreno, basados en la plataforma VAMTAC ST5, exportada a más de 20 países. Una empresa sólida, discreta y con prestigio internacional, justo el perfil opuesto al de los hermanos Escribano, envueltos en polémicas y conflictos de interés.
La “operación abyecta” de los Escribano
El núcleo de la tensión sigue siendo la compra de EM&E por parte de Indra, una operación calificada desde dentro del sector como “la más abyecta de la democracia”.
La compañía presidida por Ángel Escribano pretende adquirir la empresa de la que él mismo es propietario, en una maniobra de más de 2.000 millones de euros, pese a que EM&E factura apenas unos 400 millones.
El conflicto de interés es evidente y ha provocado malestar en el consejo de administración de Indra, así como preocupación en Moncloa, que busca frenar la creciente influencia de los hermanos Escribano dentro del complejo militar estatal.
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