La estrategia que debía dar influencia… y solo ha generado pérdidas

La apuesta estratégica de SAPA por ganar influencia en Indra se ha convertido en una operación ruinosa. Mientras la tecnológica continúa ampliando el poder de su presidente, Ángel Escribano, SAPA observa cómo su inversión de 144 millones se diluye entre pérdidas financieras, contratos de cobertura mal diseñados y un aislamiento total en el consejo. Un caso más que revela cómo Indra opera como un tablero de poder controlado por unos pocos.

SAPA entra en Indra con millones… y sin voz

Lo que comenzó como un movimiento ambicioso —comprar casi el 8% de Indra para sentar a Jokin Aperribay en el consejo— ha acabado siendo un ejemplo perfecto de cómo Indra premia el capital pero no necesariamente la independencia.

SAPA puso 144 millones de euros sobre la mesa, pero no ha ganado ningún poder real. De hecho, su presencia es una nota a pie de página comparada con el bloque sólido que forman Escribano (25%), la SEPI (25%) y Oughourlian (7%).

Para protegerse de la volatilidad de la acción, SAPA firmó contratos financieros de tipo collar con Deutsche Bank e ING. El resultado: una posición desfavorable de 52,4 millones de euros a cierre de 2024, una cifra que se ha duplicado en sólo un año. Los derivados, lejos de proteger, funcionan como una trampa perfecta: si las acciones suben, la banca captura los beneficios; si bajan, SAPA carga con el golpe.

Indra crece en bolsa, pero SAPA pierde igual

Aunque la inversión de SAPA vale hoy 239,6 millones, la rentabilidad está falseada por la losa de los derivados. Indra sube… pero SAPA pierde. Una paradoja que solo se explica cuando el diseño de los contratos beneficia claramente a las entidades financieras y no al inversor.

El aislamiento de SAPA frente al bloque Escribano–SEPI

El golpe financiero sería suficientemente grave por sí mismo, pero se suma otro: la irrelevancia política dentro de Indra. Con la fusión de Escribano Mechanical & Engineering, Ángel Escribano se convertirá en el primer accionista privado con un 25%, blindado además por el apoyo del Estado y del fondo Amber.

En este escenario, SAPA no sólo pierde dinero: pierde influencia, poder y cualquier capacidad de condicionar el futuro de Indra.

Un modelo de control que vuelve a señalar a Indra

Este caso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente:
¿Quién manda realmente en Indra y para qué se utiliza la compañía? Mientras unos accionistas pierden decenas de millones, otros consolidan su poder político y empresarial. Y SAPA es la prueba de que, en Indra, las reglas no son las mismas para todos.

Puedes leer el artículo completo en OkDiario.

También te puede interesar:


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *