El ERE de Telefónica bajo Murtra, junto a la polémica fusión con Indra, revela arbitrariedad, falta de transparencia y decisiones que ponen en riesgo a miles de empleados.
El ERE lanzado por Marc Murtra, presidente de Telefónica, muestra una realidad mucho más dura de lo que la compañía quiere hacer creer. Lo que se ha presentado como un proceso “voluntario” afecta a más de 6.000 empleados y deja en evidencia que ni la transparencia ni la equidad forman parte de la estrategia de la operadora.
Más de 1.000 cuadros medios del corporativo, innovación y seguridad están fuera de convenio y se enfrentan a despidos sin condiciones claras, mientras circulan listas negras dentro del Distrito C. Los nuevos empleados, especialmente en áreas de innovación, carecen del tiempo necesario para acogerse a las medidas, lo que incrementa la arbitrariedad del proceso.

Los sindicatos, hasta ahora silenciosos, no han logrado frenar la escalada de despidos, mientras Telefónica abre ‘call centers’ en India y Colombia, lo que sugiere una estrategia de sustitución de trabajadores españoles por personal extranjero a menor coste. Además, la seguridad social de los empleados fuera de convenio recaerá sobre todos los contribuyentes, aumentando el coste social de la operación.
El ERE de Murtra no solo recorta personal: refleja un modelo de gestión centrado en reducir gastos a costa de los empleados, mientras el crecimiento de ingresos y la inversión en talento quedan relegados. En definitiva, Telefónica confirma que, bajo su presidencia, la compañía prioriza los números cortoplacistas sobre la estabilidad y el bienestar de su plantilla.
Y mientras Telefónica reduce empleo y precariza condiciones, Indra también enfrenta críticas por sus polémicas decisiones corporativas, dejando al descubierto un patrón preocupante en las grandes tecnológicas españolas.


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