Los contratos de artillería siguen generando controversia en el sector

La llegada de Ángel Simón a la presidencia de Indra hace apenas dos meses ha supuesto un giro radical en una compañía que durante el último año vivió una de las etapas más convulsas de su historia reciente. Sin experiencia previa en el sector de la defensa, pero con una amplia trayectoria en la gestión empresarial, Simón aterrizó en la tecnológica con un objetivo prioritario: restablecer la estabilidad interna, frenar los conflictos abiertos y corregir el rumbo dejado por la etapa de Ángel Escribano.

En apenas unas semanas, el nuevo presidente ha impulsado cambios profundos en la estructura de poder de la compañía. Ha promovido el relevo del consejero delegado, ha facilitado la salida de los hermanos Escribano del accionariado y ha iniciado una política de acercamiento con empresas del sector que durante meses mantuvieron una relación de abierta confrontación con Indra.

Uno de los movimientos más significativos ha sido precisamente el intento de reconstruir la relación con Santa Bárbara Sistemas, filial española de General Dynamics, convertida durante la etapa anterior en uno de los principales adversarios de la compañía.

El conflicto con Santa Bárbara, uno de los mayores errores estratégicos de la etapa Escribano

Las relaciones entre Indra y Santa Bárbara Sistemas quedaron profundamente deterioradas durante la presidencia de Ángel Escribano.

La tensión comenzó tras el intento de adquirir activos estratégicos de la compañía y terminó escalando con la polémica adjudicación de más de 7.240 millones de euros en contratos de artillería a la UTE formada por Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).

La operación provocó una enorme controversia dentro del sector de la defensa. Mientras Santa Bárbara defendía que contaba con experiencia acreditada, tecnología propia y capacidad industrial consolidada en Europa, los adjudicatarios carecían de experiencia relevante en sistemas de artillería pesada y necesitaban apoyarse en socios extranjeros para desarrollar los programas.

Para numerosos actores del sector, aquella adjudicación simbolizó el modelo impulsado durante la etapa Escribano: grandes contratos respaldados políticamente, pero acompañados de importantes interrogantes sobre la capacidad industrial real para ejecutarlos.

La batalla judicial amenaza a Indra

El enfrentamiento ya ha saltado del ámbito empresarial al judicial.

General Dynamics mantiene abierta una ofensiva legal que podría desembocar en procedimientos ante el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional relacionados con los contratos adjudicados a Indra y EM&E.

La multinacional cuestiona tanto la adjudicación de los programas como el sistema de financiación pública asociado a los mismos.

Fuentes del sector consideran que este conflicto representa uno de los mayores riesgos para la nueva dirección de Indra, ya que una prolongación de la batalla judicial podría afectar a algunos de los programas más relevantes de la modernización militar española.

Por este motivo, una de las prioridades de Ángel Simón pasa por intentar reducir la tensión y explorar fórmulas de colaboración que permitan evitar años de litigios.

El fracaso del modelo industrial impulsado por Escribano

Otro de los aspectos que está siendo revisado internamente es la estrategia industrial desarrollada durante los últimos meses.

El proyecto impulsado por Ángel Escribano apostaba por transformar a Indra en un gran fabricante de plataformas terrestres mediante la construcción de nuevas plantas industriales y la expansión hacia negocios tradicionalmente dominados por otros actores del sector.

Sin embargo, numerosas empresas de defensa criticaron esa estrategia por considerarla alejada de la realidad industrial española.

La principal objeción era evidente: Indra es una compañía tecnológica de referencia en sistemas, sensores, radares, guerra electrónica y mando y control, pero no una empresa especializada en fabricar blindados o artillería pesada.

Muchas empresas percibieron además que el crecimiento impulsado desde la dirección se apoyaba más en la presión institucional y en las adjudicaciones públicas que en ventajas competitivas reales dentro del mercado.

Tess Defence, la siguiente gran prueba para la nueva dirección

Tras la junta de accionistas, otro de los grandes desafíos será el futuro de Tess Defence, el consorcio que integra a Indra, EM&E, SAPA y Santa Bárbara Sistemas para desarrollar el programa 8×8 Dragón.

Las relaciones entre los socios han estado marcadas por continuas tensiones durante los últimos años, dificultando la ejecución de uno de los programas militares más importantes del Ejército de Tierra.

Sin embargo, distintas fuentes del sector consideran que Tess puede convertirse ahora en la herramienta que permita reconstruir la colaboración entre Indra y General Dynamics.

Desde Santa Bárbara siempre han defendido una fórmula basada en la cooperación industrial y en el aprovechamiento de capacidades ya existentes, frente a la estrategia anterior de intentar concentrar dentro de Indra actividades que ya desarrollaban otras compañías.

La nueva Indra busca pasar página

La llegada de Josep Maria Recasens como nuevo consejero delegado y el liderazgo de Ángel Simón marcan el inicio de una nueva etapa en la compañía.

Frente al modelo caracterizado por conflictos, adquisiciones fallidas, tensiones con socios industriales y polémicas adjudicaciones, la nueva dirección intenta proyectar una imagen de estabilidad y colaboración.

La cuestión ahora es si ese cambio llegará a tiempo para evitar que los problemas heredados de la etapa anterior sigan condicionando el futuro de Indra, especialmente en un momento en el que la compañía necesita recuperar credibilidad ante el sector, los inversores y sus propios socios industriales.