El relevo político no debería perpetuar las mismas dinámicas de poder empresarial
Si José Vicente de los Mozos es uno de los nombres que se barajan para presidir la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) en un hipotético Gobierno del PP, la pregunta resulta inevitable: ¿regeneración o continuidad con otro color político?
Según publica El Debate, De los Mozos suena para ponerse al frente del organismo público si los populares ganan las elecciones. Su trayectoria en Indra, sin embargo, convierte la posibilidad en una decisión que merece un escrutinio especialmente exigente. Después de los enfrentamientos por el control de la compañía, la polémica integración con Escribano y las dudas sobre la gobernanza de una empresa estratégica, colocar al frente de la SEPI a una figura procedente de esa etapa exigiría explicaciones.
La SEPI no puede ser una agencia de recolocación
El cambio de Gobierno no debería convertirse en una operación de reciclaje de nombres conocidos. La SEPI administra participaciones estratégicas del Estado y necesita una dirección que garantice independencia, transparencia y criterios profesionales, no decisiones que alimenten la percepción de que los cargos públicos siguen moviéndose dentro de los mismos círculos.
De los Mozos conoce Indra desde dentro. Precisamente por eso, su posible nombramiento debería ir acompañado de una revisión rigurosa de su papel en las decisiones de la compañía y de la etapa en la que se intentó reorganizar su estructura alrededor de la operación con Escribano.
La experiencia no puede servir como salvoconducto ni sustituir al examen de la gestión. Si el PP quiere marcar distancias con el modelo de Sánchez, tendrá que demostrar que sus nombramientos responden al interés general y no a la continuidad de las redes de influencia existentes.
Indra y Escribano: demasiadas preguntas pendientes
La batalla por el futuro de Indra y la posible integración con Escribano colocaron en primer plano los conflictos de intereses, la influencia del Estado y el reparto de poder en el sector de defensa. El intento de reorganizar el mapa empresarial alrededor de esa operación terminó convirtiéndose en una fuente de enfrentamiento y desgaste.
En ese contexto, la posible llegada de De los Mozos a la SEPI abre un interrogante político: ¿se evaluará de manera independiente lo sucedido en Indra o se optará por mantener a figuras vinculadas a aquella etapa en posiciones de máxima responsabilidad?
No cabe dar por probadas acusaciones de pagos irregulares, corrupción o connivencia sin documentación que las sustente. Pero tampoco debería exigirse al ciudadano que acepte los nombramientos sin preguntas. La transparencia obliga a explicar las decisiones, las relaciones profesionales relevantes y los posibles conflictos de intereses antes de entregar las llaves de un organismo estratégico.
Si cambia el Gobierno, que cambien también las reglas
La SEPI no debería ser el premio de consolación de antiguos responsables empresariales ni una prolongación de las estructuras de poder del Ejecutivo anterior. Su presidencia exige independencia, rendición de cuentas y una separación clara entre los intereses del Estado y los de las compañías en las que participa.
Si el PP llega al Gobierno, tendrá la oportunidad de demostrar que el cambio va más allá de sustituir unas siglas por otras. Puede abrir una etapa de revisión de la gestión, reforzar los controles y establecer criterios públicos para los nombramientos.
O puede optar por la comodidad de recurrir a figuras conocidas, aunque su trayectoria esté ligada a episodios controvertidos.
La prueba de regeneración no será quién abandona Moncloa, sino quién termina ocupando los despachos de la SEPI y con qué garantías. Si el cambio consiste en colocar a los mismos nombres de siempre, España habrá cambiado de Gobierno, pero no necesariamente de modelo.

