SAPA rechaza la integración impulsada por los Escribano

La salida forzada de los hermanos Escribano de Indra no ha servido para cerrar la profunda crisis interna en Indra que ha sacudido a la compañía durante los últimos meses. La dimisión de Ángel Escribano como presidente y la venta del 14,3% del capital que controlaban los empresarios madrileños —movimientos impulsados desde el Gobierno— han permitido aliviar la tensión inmediata, pero no despejan la gran amenaza que sigue sobrevolando al grupo: la posible integración de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).

Según ha publicado La Vanguardia, el debate sigue dividiendo tanto al consejo de administración como a los principales accionistas y sectores del Gobierno. Y cada vez son más las voces que consideran que la operación responde más a intereses políticos y personales que a una verdadera lógica industrial.

Indra, atrapada entre intereses políticos y luchas internas

La crisis de gobernanza en Indra ha dejado una imagen muy deteriorada de la compañía. Lo que debía ser el gran campeón nacional de la defensa española ha terminado convertido en un escenario de enfrentamientos internos, maniobras de poder y tensiones constantes entre accionistas.

Aunque el entorno de los Escribano insiste en reactivar la fusión con EM&E, dentro de Indra crecen las dudas sobre el verdadero valor estratégico de la operación. Sectores de la empresa consideran que la compañía de la familia Escribano no aporta capacidades tecnológicas diferenciales como para justificar una integración de semejante dimensión.

Tampoco en el Gobierno existe unanimidad. Parte de SEPI y del propio Ejecutivo cuestionan que EM&E disponga de tecnologías capaces de convertir a Indra en un actor europeo de referencia. Al contrario, algunos directivos creen que la operación supondría sobrecargar la estructura de Indra sin garantizar un salto industrial real.

SAPA rechaza la integración de EM&E en Indra

La oposición más firme llega desde SAPA Placencia, segundo accionista de Indra. El grupo vasco lleva meses rechazando cualquier intento de absorción de EM&E al considerar que no elevaría el posicionamiento tecnológico ni industrial de la empresa.

La tensión entre ambos bloques se agravó durante la presidencia de Ángel Escribano, marcada por una guerra interna de dossiers, filtraciones y enfrentamientos que terminaron deteriorando por completo el clima dentro del consejo.

En el sector defensa muchos interpretan que la caída de los Escribano no fue una simple transición corporativa, sino una intervención directa del Gobierno para evitar que la crisis siguiera erosionando la imagen de una empresa estratégica.

Miles de millones públicos en medio del conflicto

La preocupación en Moncloa no es únicamente reputacional. El Ejecutivo necesita que los grandes programas de defensa comiencen a ejecutarse sin bloqueos ni conflictos internos.

Indra y EM&E son protagonistas de adjudicaciones públicas valoradas en más de 7.240 millones de euros en contratos de defensa para modernizar sistemas de artillería y blindados del Ejército español. Sin embargo, durante la etapa de los Escribano las quejas de otras compañías del sector por la falta de coordinación y los problemas para cerrar acuerdos no dejaron de acumularse.

El temor en el Gobierno es que las luchas internas hayan terminado afectando a proyectos considerados críticos para la industria militar española.

Acuerdos polémicos y decisiones bajo sospecha

Algunas de las últimas decisiones adoptadas por Ángel Escribano antes de abandonar la presidencia también generan inquietud dentro de Indra. Una de las más controvertidas fue el acuerdo firmado con Hanwha para desarrollar el nuevo blindado sobre cadenas del Ejército español dentro de un contrato de 1.970 millones de euros.

En varios sectores de la compañía existe malestar por haber entregado un programa estratégico a una empresa de un país que ni siquiera forma parte de la OTAN. Tampoco convence plenamente el memorándum firmado con Rheinmetall, aunque en este caso Alemania sí es socio atlántico.

Ahora será el nuevo equipo directivo, encabezado por Ángel Simón y José Vicente de los Mozos, quien deba decidir si mantiene esos acuerdos o corrige una estrategia que muchos dentro de la empresa consideran errática.

La imagen de Indra queda seriamente dañada

La sensación dentro del sector es que Indra ha pasado meses más preocupada por las guerras de poder internas que por consolidar un verdadero proyecto industrial sólido.

Aunque la salida de los Escribano ha rebajado la tensión inmediata, la compañía sigue atrapada en un escenario de desconfianza, divisiones internas y presión política constante. Y mientras la integración de EM&E continúe encima de la mesa, pocos en el sector creen que la crisis esté realmente cerrada.