Simón y Recasens buscan cerrar definitivamente la etapa Escribano
La nueva etapa de Indra avanza con un objetivo claro: cerrar definitivamente las heridas abiertas durante la presidencia de Ángel Escribano. Mientras el nuevo consejero delegado, Josep Maria Recasens, ultima su incorporación a la compañía, el presidente Ángel Simón trabaja en la reconstrucción interna de una empresa que durante los últimos meses estuvo marcada por conflictos de gobernanza, tensiones accionariales y una controvertida estrategia de crecimiento basada en la integración de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
En este contexto, la exclusión de EM&E del contrato de 1.000 millones de euros para la fabricación de camiones militares supone un golpe especialmente significativo para las aspiraciones de los hermanos Escribano. La decisión llega apenas semanas después de que vendieran su participación del 14,3% en Indra y abandonaran definitivamente el capital de la compañía.
La exclusión también vuelve a poner sobre la mesa una cuestión incómoda para el sector: hasta qué punto el crecimiento de EM&E ha dependido de los contratos adjudicados por el Gobierno y no de una capacidad industrial comparable a la de los grandes grupos europeos de defensa.
Una valoración cada vez más difícil de justificar
Durante meses, los hermanos Escribano defendieron una valoración de 2.300 millones de euros para su empresa con el objetivo de impulsar una futura fusión con Indra. Sin embargo, la realidad del mercado parece haber obligado a rebajar esas expectativas.
Según diversas informaciones del sector, los propietarios de EM&E ya estarían dispuestos a aceptar una valoración cercana a los 1.800 millones, una reducción que refleja las crecientes dudas sobre la capacidad real de la compañía para ejecutar los contratos multimillonarios obtenidos en los últimos años.
La cuestión es especialmente relevante porque muchos de esos contratos fueron adjudicados en el marco de la apuesta del Gobierno por crear un supuesto «campeón nacional de defensa». Sin embargo, una cosa es adjudicar programas y otra muy distinta disponer de la capacidad industrial necesaria para ejecutarlos.
Los 7.000 millones que generan más preguntas que respuestas
El problema empieza a preocupar también a los inversores. El mercado europeo de defensa atraviesa una fase de creciente escepticismo después de comprobar que gigantes como Rheinmetall, Airbus o Thales están encontrando dificultades para transformar los grandes contratos públicos en resultados tangibles.
En el caso de EM&E, las dudas son todavía mayores.
La compañía acumula adjudicaciones por miles de millones de euros, pero sigue contando con una estructura industrial muy reducida en comparación con los grandes fabricantes europeos. De hecho, numerosas voces del sector cuestionan si dispone de fábricas, personal y capacidad productiva suficientes para ejecutar programas valorados en más de 7.000 millones de euros.
Lo que durante meses fue presentado como una demostración de fortaleza empresarial comienza a ser visto por parte del mercado como un riesgo operativo de primer nivel.
La fusión con Indra pierde apoyos
La consecuencia inmediata es que la operación de integración entre Indra y EM&E parece cada vez más alejada.
Fuentes próximas a la SEPI aseguran que la fusión no figura actualmente entre las prioridades de la compañía. La nueva dirección encabezada por Ángel Simón estaría mucho más centrada en estabilizar la gobernanza, cerrar las crisis heredadas y buscar oportunidades industriales reales dentro del mercado europeo.
La diferencia de enfoque respecto a la etapa anterior es evidente.
Mientras Ángel Escribano apostaba por absorber capacidades y acelerar una integración con su empresa familiar, la nueva dirección parece más interesada en encontrar socios que aporten instalaciones, producción y experiencia internacional contrastada.
Precisamente una de las principales críticas que arrastra EM&E es la distancia existente entre las valoraciones económicas defendidas por sus propietarios y su capacidad industrial efectiva.
Fin de una etapa en Indra
La llegada de Josep Maria Recasens y la próxima reorganización del comité de dirección representan también el cierre definitivo de la influencia que mantuvo Ángel Escribano dentro de Indra durante los últimos meses.
Diversos ejecutivos identificados con la etapa anterior ya han perdido peso en la organización y algunos ni siquiera participan en la elaboración del próximo plan estratégico.
La prioridad de Ángel Simón pasa ahora por recuperar la estabilidad interna y reconstruir la credibilidad de una compañía que durante meses estuvo más pendiente de operaciones corporativas, conflictos de interés y luchas de poder que de reforzar sus capacidades industriales.
Y en ese nuevo escenario, la gran pregunta sigue siendo la misma: qué valor tendría realmente EM&E sin el respaldo de los contratos públicos que impulsaron su crecimiento y sin el paraguas político que durante años acompañó su expansión en el sector de defensa español.

