La guerra de poder en Indra se intensifica
La crisis de poder dentro de Indra sigue escalando. En medio de la reestructuración interna de Indra impulsada por José Vicente de los Mozos y Ángel Simón tras la caída de los Escribano, el Gobierno prepara ahora un movimiento que amenaza con golpear directamente uno de los principales centros de poder industrial de la compañía: el control del programa militar 8×8 Dragón.
Según ha publicado Okdiario, Moncloa quiere apartar a Indra y a Manuel Escalante de la presidencia de Tess Defence, el consorcio responsable del blindado 8×8 Dragón, para entregar ese control a SAPA Placencia y a la familia Aperribay.
Moncloa debilita el poder interno de Indra en Defensa
La maniobra supone mucho más que un simple relevo organizativo. Dentro del sector se interpreta como un intento directo del Gobierno de redibujar el reparto de poder en la industria militar española y reducir la influencia acumulada por Indra durante la etapa de los Escribano.
La pérdida del control político sobre Tess Defence significaría un golpe estratégico para la compañía en uno de los contratos militares más importantes del Ejército de Tierra.
Aunque Manuel Escalante mantendría parte de las funciones técnicas, la presidencia del consorcio —y por tanto el control institucional y estratégico— pasaría a manos de SAPA, consolidando todavía más el creciente peso de la llamada “cuota vasca” dentro del negocio de defensa.
Indra vive una purga interna tras la salida de los Escribano
El movimiento llega además en plena reorganización interna impulsada por José Vicente de los Mozos. En las últimas semanas, la nueva dirección ha iniciado una reestructuración que dentro de la empresa muchos ya describen como una auténtica purga de poder interno en Indra.
Uno de los principales afectados está siendo Manuel Escalante, considerado hasta ahora uno de los directivos más influyentes del área tecnológica y de defensa.
La pasada semana, Indra comunicó internamente una nueva reorganización tecnológica que recorta parte de sus competencias operativas. Las unidades de Sistemas Internos y Seguridad de la Información, hasta ahora bajo su control, pasarán a depender de Sebastián Bamonde dentro del área de Operaciones Tech.
Oficialmente, la empresa justifica el cambio como una medida para acelerar sinergias y mejorar la integración tecnológica. Sin embargo, dentro de la compañía la lectura es muy distinta: el objetivo real sería desmontar progresivamente el poder acumulado por Escalante en Indra durante la etapa anterior.
Ángel Simón refuerza el control político y corporativo
Paralelamente, Ciril Rozman, hombre de máxima confianza de Ángel Simón, ha sido incorporado como nuevo director de asuntos públicos y oficina de presidencia.
El nombramiento refuerza todavía más el control político y corporativo dentro de Indra en un momento donde Moncloa quiere vigilar muy de cerca cada movimiento dentro de la compañía.
La sensación dentro del sector es que la tecnológica vive una transformación interna condicionada no solo por criterios empresariales, sino también por los equilibrios políticos de la industria de defensa española.
SAPA gana poder mientras Indra pierde influencia estratégica
La posible llegada de SAPA a la presidencia de Tess Defence consolidaría definitivamente el ascenso del grupo vasco dentro del sector militar español.
Fuentes de la industria interpretan el movimiento como un gesto directo del Gobierno para reforzar el equilibrio territorial y contentar a sectores empresariales vinculados al entorno vasco, especialmente tras meses de tensión con la familia Aperribay.
El problema es que el programa 8×8 Dragón sigue acumulando retrasos, conflictos internos y problemas de ejecución, mientras las luchas de poder entre socios continúan debilitando la gestión del proyecto.
Indra transmite una imagen de inestabilidad y crisis permanente
Todo este escenario se produce mientras el mercado sigue observando con preocupación el deterioro interno de Indra. La compañía atraviesa una etapa marcada por reestructuraciones constantes, guerras internas, tensiones accionariales y presión política permanente.
Además, la salida progresiva de JP Morgan del capital de Indra —tras reducir su participación hasta el 2,7%— aumenta todavía más la sensación de incertidumbre sobre el futuro equilibrio de poder dentro del grupo.
Lejos de transmitir estabilidad, Indra sigue proyectando la imagen de una empresa atrapada en conflictos internos, luchas accionariales y maniobras políticas mientras gestiona algunos de los mayores contratos de defensa de España.

