El modelo de doble mando fracasa y deja tocado a De los Mozos
La situación en Indra lejos de estabilizarse tras la salida de Ángel Escribano, entra en una nueva fase marcada por la concentración de poder, la incertidumbre interna y una creciente pérdida de credibilidad. Según informaciones de Artículo14 y Expansión, el actual presidente, Ángel Simón, está ampliando de facto sus funciones, desdibujando el modelo de gobernanza aprobado hace apenas semanas y dejando en una posición cada vez más débil al consejero delegado, José Vicente de los Mozos.
Un presidente “no ejecutivo” que ya actúa como primer ejecutivo
El diseño que se vendió tras la crisis —una presidencia institucional sin funciones ejecutivas y un CEO fuerte— está saltando por los aires. En la práctica, Ángel Simón está asumiendo cada vez más control operativo y estratégico, interviniendo en decisiones clave y reconfigurando el equilibrio interno.
Este movimiento no es una evolución natural, sino una señal clara de improvisación en la gobernanza de Indra. Lo que debía ser una solución para calmar el conflicto tras la salida de Escribano se está convirtiendo en un nuevo foco de inestabilidad.
De los Mozos, debilitado y con su continuidad en duda
El avance de Simón tiene una víctima directa: José Vicente de los Mozos, cuyo papel como primer ejecutivo queda cada vez más cuestionado. Aunque formalmente mantiene el cargo, su margen real de actuación se reduce a medida que la presidencia gana terreno.
El resultado es un escenario incoherente:
dos centros de poder sin delimitación clara, duplicidades en la toma de decisiones y una estructura que genera más ruido que dirección estratégica.
En cualquier compañía cotizada esto sería preocupante. En una empresa clave para la defensa nacional, es directamente un problema estructural.
Indra, atrapada en una crisis de gobernanza permanente
Lo ocurrido no es un episodio aislado. Es la continuación de una deriva que incluye:
- la salida forzada de Escribano
- la intervención directa del Gobierno a través de la SEPI
- y ahora, la redefinición encubierta del poder interno
Lejos de cerrar la crisis, Indra la está prolongando. Cada movimiento abre un nuevo frente y refuerza la sensación de que no existe un plan claro, sino decisiones tácticas marcadas por urgencias políticas.
El problema de fondo: control político frente a gestión empresarial
La acumulación de poder en la presidencia no puede entenderse sin el contexto: el peso del Estado en el accionariado y su interés en controlar una compañía estratégica.
Pero ese control tiene un coste evidente:
la erosión de la autonomía empresarial, la pérdida de claridad en la gestión y un modelo de gobernanza cada vez más opaco.
Indra no está funcionando como una empresa que ejecuta una estrategia, sino como un tablero donde se redistribuye poder.
Una compañía sin rumbo claro en un momento crítico
El momento es especialmente delicado. Indra debe ejecutar contratos millonarios, posicionarse en el nuevo ciclo de inversión en defensa europea y definir su crecimiento futuro.
Sin embargo, lo que proyecta es lo contrario:
- inestabilidad en la cúpula
- falta de liderazgo claro
- y conflictos internos sin resolver
La pregunta ya no es quién manda hoy en Indra, sino cuánto tiempo puede sostenerse una empresa estratégica en este nivel de desorden interno.

