El temor a perder el control público de Indra provocó la caída del expresidente Escribano
Las investigaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil siguen sacando a la luz los entresijos de las operaciones que se habrían gestado en los círculos de poder del Ejecutivo. Según publica el medio de comunicación THE OBJECTIVE, la segunda agenda intervenida a Leire Díez, señalada como la supuesta «fontanera» del PSOE, detalla una estrategia de Moncloa para forzar a Telefónica a adquirir Minsait, la filial de tecnología de la información de Indra que arrastra problemas para encontrar un comprador en el mercado libre.
Esta absorción, que se planteó a comienzos de 2025 para ejecutarse a través de la filial Telefónica Tech, buscaba complementar otra maniobra paralela: la adquisición del grupo Prisa por parte de la operadora para conseguir que la línea editorial del conglomerado de medios estuviera controlada por «P.S.».
La hoja de ruta de Manuel de la Rocha
Los apuntes personales de Díez señalan directamente al jefe de la Oficina Económica de Moncloa como el ideólogo de la reestructuración corporativa: «La idea de Rocha es articular Telefónica+Minsait e Indra+Escribano+Hispasat». Sin embargo, las anotaciones de la intermediaria socialista reflejaban serias dudas sobre la viabilidad de la operación y enumeraban problemas estructurales profundos:
- Historial negativo: «Telefónica ya salió de este negocio. Y salió mal», recogía el cuaderno.
- El lastre laboral: Suponía integrar repentinamente a 40.000 trabajadores en una compañía que lleva dos décadas reduciendo personal, con el añadido de asimilar el elevado grado de sindicalización de la teleco.
- Un negocio sin ventajas competitivas: Minsait representa el 80% de la facturación de Indra pero apenas aporta el 20% de su ebitda (beneficio bruto operativo). Carece de liderazgo frente a gigantes como IBM, Capgemini o Accenture, lo que ha frustrado sus intentos de venta.
El plan chocó de frente con la negativa del presidente de Telefónica, Marc Murtra —nombrado por Moncloa en sustitución de José María Álvarez-Pallete—, quien se opuso a comprar tanto Prisa como Minsait porque la empresa no lo requería y sus accionistas rechazaban asumir pérdidas solo por complacer al Gobierno.
Críticas a los directivos y el movimiento en Hispasat
La agenda de Leire Díez destila una opinión despectiva hacia las capacidades de los directivos situados al frente de estas firmas estratégicas: «Murtra no tiene capacidad para llevar Telefónica y Escribano tampoco para llevar Indra. No tiene universidad, ni conocimientos de inglés».
Pese al freno en Telefónica, el plan para Indra sí avanzó bajo el mandato de Ángel Escribano (sustituto inicial de Murtra), materializando la compra del 90% de Hispasat por 725 millones de euros, una decisión que Díez también censuró en privado indicando que el valor de la firma estaba «por los suelos» y arrastraba una caída del 25% en su cifra de negocio, amenazando con devaluar a la propia Indra.
Guerra interna por el control frente a la SEPI
La documentación de la UCO revela que el Gobierno inició una «dura guerra» interna para forzar la dimisión de Ángel Escribano de la presidencia de Indra tras intentar fusionar la compañía con su firma familiar, EM&E. El Ejecutivo descubrió que, debido a las valoraciones y a que Escribano ya controlaba más del 14% de Indra, la suma de sus acciones con las de Joseph Oughourlian superaría el 28% que posee la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), arrebatándole el control al Estado.
A esto se opuso en redondo Manuel de la Rocha, lo que provocó fuertes presiones que terminaron con la dimisión de Escribano en el mes de abril. Tras el nombramiento de Ángel Simón como nuevo presidente de Indra, la fusión se ha retomado con éxito debido a que los hermanos Ángel y Javier Escribano han aceptado vender su participación previa, permitiendo un canje de acciones que mantiene al Estado como el socio mayoritario y de referencia.

