Indra se aleja de un modelo empresarial para entrar en una lógica de poder

La situación en Indra ha entrado en una fase de deterioro institucional difícil de disimular. Lo que debería ser una compañía estratégica para la defensa europea se ha convertido en un escenario de maniobras personales y alianzas políticas de conveniencia. Según ha publicado El Confidencial, Ángel Escribano está moviendo hilos “a la desesperada” para aferrarse a la presidencia, incluso recurriendo a apoyos fuera del ámbito empresarial.

La politización de Indra: apoyos parlamentarios para sobrevivir

En los últimos días, el presidente de Indra ha intentado apoyarse en Junts, un partido clave para la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez. No es un movimiento estratégico industrial, sino una maniobra política para mantenerse en el cargo. La operación, canalizada a través de su asesor Aleix Sanmartín y contactos en el entorno de Carles Puigdemont, evidencia hasta qué punto la gobernanza de Indra ha dejado de responder a criterios empresariales.

El argumento utilizado —la apuesta de Indra por Cataluña con hubs tecnológicos y proveedores locales— no deja de ser un intento de instrumentalizar decisiones industriales como moneda de cambio política. Este cruce de intereses no refuerza a la compañía: erosiona su independencia y compromete su credibilidad.

Guerra interna en la cúpula: un liderazgo fracturado

El problema no es solo externo. Internamente, la situación roza lo disfuncional. Escribano ha abierto un frente directo contra su propio consejero delegado, José Vicente de los Mozos, al que acusa de deslealtad por mantener contactos con Moncloa. Pretende forzar su salida en paralelo a una batalla abierta con la SEPI, principal accionista.

El resultado es una compañía dividida, con su cúpula enfrentada y sin dirección clara en un momento crítico. La crisis ya no es puntual: es estructural.

Un “cara o cruz” que evidencia debilidad, no liderazgo

El pulso que plantea Escribano —forzar un consejo para medir fuerzas— no es una demostración de liderazgo, sino una señal de debilidad extrema. Cuando un presidente convierte el gobierno corporativo en un “cara o cruz” para sobrevivir, el problema ya no es político: es de falta de legitimidad y pérdida de control.

Indra pierde su papel estratégico en defensa

Lo verdaderamente preocupante es el impacto de fondo. Indra está llamada a ser un actor clave en la defensa europea, pero hoy opera como un espacio de negociación política donde se cruzan intereses del Gobierno, partidos y ejecutivos enfrentados.

En ese contexto, la ambición de construir un “campeón nacional de defensa” pierde consistencia. La compañía no está centrada en competir, innovar o ejecutar su estrategia, sino en resolver luchas de poder internas y externas.

En apenas horas, Indra puede quedar descabezada. Pero el problema real es anterior: la compañía ya lleva tiempo alejada de una gestión basada en criterios empresariales. Y eso no es una crisis puntual. Es una deriva estructural.

Puedes leer el artículo original en El Confidencial.