La dependencia de los contratos públicos pasa factura a EM&E
La posible integración de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) en Indra parece hoy más lejos que nunca. Lo que durante meses se presentó como una operación estratégica para crear un supuesto campeón nacional de la defensa se ha convertido en uno de los mayores focos de conflicto corporativo y político del sector.
Según informa El Español, el Gobierno habría cerrado definitivamente la puerta a una fusión que durante la etapa de Ángel Escribano al frente de Indra llegó a considerarse prioritaria. La llegada de Ángel Simón a la presidencia y de Josep Maria Recasens a la dirección ejecutiva habría terminado por desactivar una operación cuya lógica industrial llevaba tiempo siendo cuestionada dentro y fuera de la compañía.
Una valoración difícil de justificar
Uno de los principales obstáculos siempre fue el precio.
Los hermanos Escribano llegaron a aspirar a una valoración superior a 2.000 millones de euros para EM&E, una cifra que numerosos analistas y actores del sector consideraban difícil de justificar para una empresa cuyo crecimiento durante los últimos años ha estado estrechamente ligado a la adjudicación de contratos públicos vinculados al incremento del gasto en defensa.
La operación planteaba además una pregunta incómoda: si EM&E realmente valía esas cantidades, ¿por qué su expansión coincidió casi milimétricamente con el aumento de las adjudicaciones procedentes del Estado y con su creciente influencia dentro de Indra?
Del conflicto de interés al rechazo definitivo
La fusión fue el origen de la crisis que acabó provocando la salida de Ángel Escribano de la presidencia de Indra.
La posibilidad de que el máximo responsable de la compañía impulsara la compra de su propia empresa familiar generó fuertes críticas por el evidente conflicto de interés, tensó las relaciones con la SEPI y abrió una batalla interna que terminó fracturando el consejo de administración.
Tras la venta de su participación en Indra y su salida de la compañía, los hermanos confiaban en que la integración siguiera adelante. Sin embargo, el cambio de dirección ha modificado por completo las prioridades del grupo.
Indra busca socios industriales, no dependencias políticas
La nueva etapa parece orientada hacia alianzas industriales con compañías que aporten capacidades productivas consolidadas y presencia internacional, en lugar de operaciones cuya principal fortaleza descansa en el acceso a contratos nacionales.
La creciente aproximación entre Indra y Santa Bárbara Sistemas, junto con la batalla judicial abierta por las adjudicaciones de Defensa, ha terminado de debilitar la posición de EM&E dentro del tablero industrial español.
En el sector cada vez son más las voces que consideran que la empresa de los hermanos Escribano difícilmente habría alcanzado las valoraciones planteadas sin el extraordinario flujo de contratos públicos recibido en los últimos años.
El final de un proyecto impulsado desde el poder
La paralización de la operación supone también el cierre de una etapa marcada por la intervención política en la estrategia de Indra.
La compra de EM&E fue presentada como una pieza clave para construir un gigante nacional de la defensa. Sin embargo, la falta de consenso industrial, las dudas sobre su valoración, el conflicto de interés generado y la dependencia de los contratos públicos han terminado convirtiendo aquella operación en una carga para la compañía.
Hoy, lejos de la integración prometida, la realidad es muy distinta: Indra intenta pasar página mientras el proyecto empresarial de los Escribano pierde peso dentro del sector y ve cómo se aleja la posibilidad de convertirse en el gran beneficiario del rearme español.

