Los consejeros independientes se opusieron al fichaje

La estrecha relación entre José Luis Rodríguez Zapatero y la cúpula de Indra vuelve a situar bajo el foco la influencia política que ha marcado la evolución reciente de la compañía. Según diversas informaciones publicadas en los últimos días, el expresidente del Gobierno llegó a explorar su incorporación como asesor de la empresa cuando Marc Murtra presidía el grupo, en una operación que habría intensificado aún más la percepción de que la tecnológica se estaba convirtiendo en una extensión de los intereses políticos de Moncloa.

Las agendas de Zapatero reflejan varios encuentros con Murtra durante octubre de 2024. Primero mantuvieron una reunión privada y, pocos días después, compartieron una comida junto a Javier de Paz, uno de los colaboradores históricos más próximos al expresidente socialista.

Aquellos contactos no fueron meramente institucionales. Según la información conocida, Zapatero aspiraba a incorporarse a Indra como asesor sénior, un puesto que habría estado remunerado con una cantidad cercana a los 100.000 euros anuales.

Una empresa cada vez más ligada al poder político

La posibilidad de incorporar a Zapatero generó inquietud dentro de la propia compañía.

Diversos consejeros independientes habrían advertido de los riesgos reputacionales de que una empresa participada por el Estado a través de la SEPI contratara precisamente a un expresidente socialista que seguía desempeñando un papel activo en la estrategia política del PSOE y en el entorno más cercano de Pedro Sánchez.

La controversia iba más allá del mero fichaje. Para numerosos observadores, el episodio simbolizaba la creciente transformación de Indra en una compañía donde los criterios políticos parecían ganar peso frente a los estrictamente empresariales.

El papel de Marc Murtra

La operación se produjo durante la presidencia de Marc Murtra, una etapa marcada por una fuerte intervención del Gobierno en la estrategia corporativa de la empresa.

Bajo su mandato, Indra intensificó su protagonismo en los grandes programas de defensa impulsados por el Ejecutivo y reforzó su condición de instrumento clave en la política industrial del Estado.

Los críticos de aquella etapa sostienen que la compañía fue perdiendo progresivamente independencia, convirtiéndose en un escenario donde las conexiones políticas adquirían una relevancia cada vez mayor en la toma de decisiones.

En ese contexto, la posible llegada de Zapatero como asesor habría supuesto un paso adicional en una dinámica que ya generaba incomodidad entre parte del mercado y de los accionistas minoritarios.

El rechazo de los independientes

Según las informaciones publicadas, varios consejeros independientes expresaron su oposición a la contratación.

Entre los argumentos planteados figuraban los posibles conflictos reputacionales y la imagen que proyectaría una empresa semipública incorporando a un expresidente que seguía participando activamente en actos políticos del PSOE y manteniendo una estrecha relación con el Gobierno.

La preocupación aumentaba porque Zapatero no era visto únicamente como un asesor estratégico, sino como una figura con capacidad para ejercer influencia institucional y abrir puertas políticas, especialmente en Latinoamérica.

Precisamente esa red de contactos fue uno de los argumentos utilizados por quienes defendían su incorporación.

Un síntoma de la politización de Indra

Aunque finalmente la operación no llegó a materializarse, el episodio vuelve a alimentar el debate sobre la gobernanza de Indra.

La sucesión de nombramientos vinculados al ámbito político, la creciente influencia de la SEPI en las decisiones estratégicas y los continuos movimientos impulsados desde Moncloa han provocado que numerosos inversores cuestionen hasta qué punto la compañía opera con criterios puramente empresariales.

La posibilidad de que un expresidente del Gobierno pasara a ocupar un puesto de asesor en una empresa bajo fuerte influencia estatal fue interpretada por parte del consejo como un riesgo innecesario para la imagen de la compañía.

Y también como una muestra más de una etapa en la que, para muchos observadores, la frontera entre política y gestión empresarial parecía cada vez más difusa dentro de Indra.