La operación con EM&E cambia de escenario… otra vez

La relación entre Indra y la familia Escribano da un giro radical. Tres años después de irrumpir en el capital de la tecnológica de defensa, los hermanos Ángel y Javier Escribano han ejecutado su salida total mediante una colocación acelerada del 14,3% que controlaban en la compañía, en una operación que sacude el equilibrio accionarial y reabre el debate sobre la estrategia del grupo.

Según publica Expansión, la desinversión se realizó al cierre de mercado a través de su sociedad patrimonial, Advanced Engineering & Manufacturing. El paquete, equivalente a 25,26 millones de acciones, estaba valorado en torno a 1.320 millones de euros a precios de mercado, en una jornada en la que los títulos de Indra llegaron a subir cerca de un 6%.

Salida total tras meses de presión política y crisis interna

El movimiento no es aislado. Llega apenas un mes después de la dimisión de Ángel Escribano como presidente ejecutivo de Indra, forzada tras el choque con el Gobierno y la SEPI, principal accionista con un 28%.

La salida del capital supone, además, la pérdida inmediata de representación en el consejo de administración. Javier Escribano, que ocupaba un asiento en nombre de la compañía familiar, abandona así un órgano donde su participación incluso le daba derecho a un segundo consejero que nunca llegó a reclamar.

Una retirada con mensaje: desbloquear la operación con EM&E

Más allá del impacto financiero, la operación tiene una lectura estratégica evidente. La salida de los Escribano elimina el principal obstáculo que había paralizado la integración entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering: el conflicto de interés.

Durante meses, el hecho de que Ángel Escribano fuera simultáneamente presidente de Indra, accionista relevante y propietario de EM&E tensó al máximo la gobernanza de la compañía. Ese conflicto fue el argumento central utilizado por el Ejecutivo para forzar su salida.

Ahora, con los Escribano fuera del accionariado, el terreno queda despejado —al menos formalmente— para retomar una operación que el Gobierno considera clave para construir un gran grupo industrial de defensa en España.

Un giro que deja interrogantes sobre el futuro de Indra

Sin embargo, la maniobra también abre nuevas incógnitas. La salida de un accionista del peso de EM&E altera de forma significativa el equilibrio interno de poder en Indra, reforzando indirectamente la posición del Estado y dejando al resto de socios ante un nuevo escenario.

Al mismo tiempo, evidencia hasta qué punto las decisiones estratégicas en la compañía han estado condicionadas por factores políticos y no exclusivamente industriales.

El objetivo declarado sigue siendo el mismo: crear un “campeón nacional” capaz de competir en el nuevo ciclo de rearme europeo. Pero el camino para lograrlo vuelve a empezar prácticamente desde cero, tras meses de tensiones, dimisiones y movimientos accionariales que han debilitado la estabilidad interna del grupo.

La salida de los Escribano no cierra el capítulo. Lo reescribe.