La relación entre la familia Escribano y los Aperribay —principales accionistas de Indra a través de EM&E y SAPA, respectivamente— ha pasado en pocos meses de la coexistencia estratégica a una guerra abierta por el control de la industria de defensa en España. El conflicto, que se gestó en el consejo de administración, terminó con la dimisión de Ángel Escribano de Indra y una escalada pública sin precedentes.
El origen: una presidencia con agenda industrial propia
La llegada de Ángel Escribano a la presidencia de Indra marcó un punto de inflexión. Desde el inicio, su hoja de ruta fue clara: impulsar la integración de su propia empresa, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), dentro de la compañía.
La operación, valorada en miles de millones, pretendía convertir a Indra en un gigante nacional de defensa, integrando capacidades clave como sistemas de armamento, torretas y tecnología militar avanzada.
Pero también encendió las primeras alarmas, el presidente impulsaba una operación que beneficiaba directamente a su propia compañía.
SAPA entra en escena: el equilibrio salta por los aires
Durante los primeros compases, el plan parecía avanzar con el respaldo del consejo. Sin embargo, el equilibrio se rompió cuando SAPA Placencia, controlada por la familia Aperribay y tercer accionista de Indra, comenzó a oponerse frontalmente a la operación.
Desde ese momento, el conflicto dejó de ser técnico para convertirse en una batalla de poder:
- Por un lado, los Escribano, impulsando la integración
- Por otro, los Aperribay, bloqueando la operación
El consejo de administración se fracturó, y la tensión escaló rápidamente.
Guerra interna y presión política
A medida que avanzaban los meses, el enfrentamiento se trasladó fuera del consejo. Informaciones cruzadas, filtraciones y maniobras de influencia convirtieron el proceso en un conflicto político-empresarial de primer nivel.
El Gobierno, a través de la SEPI, comenzó a mostrar reticencias ante una operación que implicaba un evidente conflicto de interés y riesgos reputacionales.
En paralelo, el valor de EM&E se disparaba, alimentando aún más las críticas sobre una posible sobrevaloración en el contexto de la fusión.
El punto de ruptura: bloqueo de la operación
El choque llegó a su punto crítico cuando la oposición interna —con SAPA como actor clave— y la presión institucional terminaron por bloquear la integración de EM&E en Indra.
A partir de ahí, la situación se volvió insostenible:
- El consejo dividido
- El Gobierno presionando
- Y la operación encallada
Indra entró en una crisis de gobernanza sin precedentes recientes.
La caída: dimisión forzada de Escribano
Finalmente, Ángel Escribano dimitió tras semanas de tensión y presión directa desde Moncloa. Su salida se interpretó como un intento de desactivar la crisis y recuperar la estabilidad en la compañía.
Pero lejos de cerrar el conflicto, abrió una nueva fase.
La escalada: acusaciones públicas contra SAPA
Tras su salida, Escribano rompió el silencio con declaraciones explosivas en las que señaló directamente a los Aperribay como responsables de su caída y del fracaso de la operación.
Les acusó de haber dinamitado la fusión, de actuar con intereses propios y de haber influido en el Gobierno para apartarle.
La escalada fue aún más allá. En sus declaraciones, llegó a calificar a SAPA con términos extremadamente duros, incluyendo acusaciones que rozan lo penal, como llamarles “asesinos” y responsabilizarles de prácticas que, según él, deberían investigarse judicialmente.
De la disputa empresarial al conflicto total
Lo que comenzó como una discrepancia estratégica acabó convirtiéndose en un enfrentamiento total:
- Empresarial, por el control de Indra
- Político, por la influencia sobre el Gobierno
- Y personal, con acusaciones cruzadas sin precedentes
La relación entre ambas familias quedó completamente rota.
Un conflicto que sigue condicionando Indra
Aunque Escribano ya no está al frente de la compañía, las consecuencias del conflicto siguen presentes:
- La fusión con EM&E sigue en el aire
- SAPA mantiene su posición en el accionariado
- Y el equilibrio interno continúa siendo frágil
El episodio ha dejado una conclusión clara:
Indra no solo es una empresa tecnológica, sino un campo de batalla donde confluyen intereses industriales, políticos y personales.
Y la guerra entre Escribano y Aperribay es, hasta ahora, su capítulo más intenso.

